Contenido

                    Sistema de precios

Oferta y demanda

                    División del trabajo

                    Otros aspectos de la división del trabajo

                    Dinero

                    Comportamiento racional

Los mecanismos de mercado

Sistema de precios

"La mano invisible de Smith trabaja a través del sistema de precios. El sistema de precios coordina las decisiones económicas permitiendo que los dueños de los recursos intercambien libremente, comprando y vendiendo según los precios relativos que emergen en los sitios de mercado."

El mercado es un mecanismo complejo donde los oferentes y demandantes toman decisiones con base a la información que les proporciona el sistema de precios. Son los precios relativos los que coordinan las acciones de millones de participantes en los sitios de mercado y los que generan las señales necesarias para que los recursos escasos y valiosos sean producidos, comerciados y consumidos.

En los sitios de mercado de las comunidades indígenas guatemaltecas funciona el sistema de precios como un mecanismo que provee información, tanto a los oferentes como a los demandantes. En dichos mercados se cumple la hipótesis básica de la teoría de precios que postula que los individuos responden a precios relativos. Por ejemplo, un agricultor al conocer que el precio de una determinada verdura le permitiría duplicar sus ganancias, respecto al producto que actualmente produce, ceteris paribus, reconsiderará sus planes para la próxima temporada de siembra.

Respecto a cómo las personas interpretan la información que provee el sistema de precios, es útil distinguir el mercado local del internacional. Ciertamente ambos ámbitos se condicionan, pero podría hacerse una simplificación: los precios en el mercado local (sobretodo en el caso de los productos agrícolas) están determinados por variaciones en la oferta, es decir que las temporadas de cada una de las frutas, verduras o granos influye en su abundancia o escasez, desplazando la curva de oferta (ver Figura 1.1). Cuando es época de mangos, por ejemplo, la abundancia de oferta hace que el precio de equilibrio descienda. Cuando pasa la cosecha de tomates, la reducción en la oferta del producto hace que el precio suba. Por otro lado, en el mercado internacional, generalmente, quien determina el precio es la demanda. Los productores se enfrentan a una de demanda horizontal, es decir que no tienen influencia alguna sobre el precio, se limitan a ser tomadores de precio (ver Figura 1.2). Por lo tanto, para los productos que se producen y comercian localmente se conocen determinados ciclos que afectan las expectativas de consumidores y vendedores. Por ejemplo: el caso de los mangos. Todos saben que en los meses de veranos (sobretodo marzo y abril) la cantidad y variedad de esta fruta son tan grandes que generan, a la vez, una amplia gama de subproductos (helados, refrescos, dulces, jaleas) en cada uno de los mercados, incluso afectando hacia la baja el precio de cualquier bien sustituto. Los precios de los bienes transables internacionalmente afectan directamente a los productores agrícolas que, de acuerdo a sus expectativas, toman decisiones que influyen, a su vez, en la asignación y precios de los factores de la producción y demás insumos.

El sistema de precios no funciona a la perfección y, generalmente, se ha visto distorsionado por la inflación y la intervención directa de los gobiernos a través de la fijación de precios o el establecimiento de restricciones al comercio. En el pasado, algunos productos agrícolas han gozado de precios de garantía, como el maíz y el trigo; y otros han sido afectados por precios tope, como el frijol y el arroz. Sin embargo, se puede afirmar que para la mayoría de bienes y servicios que se ofrecen en los mercados indígenas se descarta la intervención gubernamental y son las leyes de la oferta y la demanda las que determinan, en gran medida, los precios. Complementariamente, en la línea de Moore, es necesario investigar qué otros factores (de tipo cultural) influyen en los precios y, por lo tanto, en la asignación de los recursos.

Oferta y demanda

La ley de la demanda enuncia que "la cantidad demandada varía inversamente al precio relativo, manteniendo lo demás constante." Cuando el precio de un producto determinado aumenta, la cantidad demandada disminuye. Sobre este comportamiento racional de los individuos no se ha encontrado evidencia que le reste validez.

En el mercado de Tecpán Guatemala, por ejemplo, se observa que una variación de Q.0.05 en el precio de una libra de azúcar hace que los demandantes cambien de decisión respecto a dónde comprar. En este caso el precio que establece el mercado es igual al ingreso marginal de los oferentes, que se enfrentan individualmente a una curva de demanda perfectamente elástica: pueden vender cualquier cantidad al precio que limpia el mercado, pero nada a un precio superior. Este caso también ilustra el grado de competencia que existen en el mercado de Tecpán, la información circula rápida y libremente. Los vendedores ajustan sus precios a la realidad del mercado. Sólo con ver la cantidad de determinada fruta que se ofrece por casi todas las calles donde se establecen los puestos de venta, se sabe que el precio de dicho producto es relativamente bajo. Muchos comerciantes modifican sus precios con la ayuda del regateo y al final de la jornada, dependiendo de los resultados y las circunstancias, pueden hasta rematar sus productos, sobre todo si son perecederos. Es decir que los incentivos que expone la teoría microeconómica están presentes en la toma de decisiones de miles de compradores y vendedores en un día de mercado.

Sobre la elasticidad precio de la demanda se puede citar otro ejemplo: tanto el frijol como el maíz tienen una elasticidad precio de la demanda menor que uno (inelástica) pues la cantidad demandada disminuye menos que proporcionalmente cuando los precios relativos de ambos productos suben, debido a la importancia que ambos granos tienen en la alimentación básica de las comunidades indígenas.

Por el lado de la oferta, la cantidad ofrecida varía en la misma dirección en la que varían los precios relativos de determinado bien o servicio. El caso documentado por el profesor Murakami es un buen ejemplo del efecto de los precios en el mercado internacional sobre la economía nacional. El alza en los precios de las verduras para exportación generó un considerable aumento en la cantidad ofrecida pues (en Tecpán, por ejemplo, se pagan hasta Q.700.00 por un quintal de arveja china) los agricultores se han desplazado hacia dicho cultivo. Mientras que, en el sentido contrario, los bajos precios del trigo provocaron una disminución en la cantidad ofrecida, cambio que también se refleja en el menor porcentaje de terrenos dedicados a su cultivo.

División del trabajo

Para Adam Smith, una de las variables más importantes que determina la productividad laboral es la división del trabajo porque genera mayor destreza en cada persona, ahorra tiempo y promueve la invención de máquinas. Sin embargo, según Smith, la división del trabajo se ve limitada por la disponibilidad de capital acumulado previamente (herramientas y máquinas) y por la extensión del mercado. En este sentido, es importante aproximarse al grado de división de trabajo que se encuentra en la economía indígena, identificando también los determinantes culturales involucrados.

El fenómeno de la división del trabajo, tal como lo describe Smith, se observa en las distintas actividades económicas que se realizan en las comunidades indígenas. A nivel regional, Sol Tax, en su descripción sobre los municipios del Altiplano guatemalteco como unidades culturales, muestra que existe una especialización económica de dichos municipios. "Puede decirse que no obstante que la milpa así como las huertas familiares son comunes a todos los municipios, cada uno está dedicado a diversas actividades económicas que, como fuente de ingresos, sobrepasa a la milpa en importancia. [...] Son especializados en el cultivo de maíz y frijoles como productos creadores de divisas, solamente Tecpán, San Andrés Semetabaj y Patzún. Los indígenas de los otros municipios deben ganar dinero en otras formas para comprar sus cosas necesarias, incluyendo maíz. La especialización en la producción conduce de modo inevitable, por supuesto, hacia el comercio, y los indígenas de algunos municipios se especializan en este comercio o distribución. Aproximadamente hay tres clases de especialización: agrícola, industrial y comercial. Una cuarta es más bien negativa: los indígenas de municipios no especializados en alguna ocupación particular, se ven forzados a recurrir al trabajo común en sus propios municipios o en las plantaciones de la costa." Sobre las diversas actividades económicas observadas, Tax resalta la importancia de la distribución de todos los productos, provenientes de la especialización agrícola e industrial, en la economía de la región a través de una intrincada red de caminos y un sistema de mercados: "hay indígenas en ciertos municipios que hacen negocio transportando productos aun de otros municipios, de mercado en mercado, comprando y vendiendo."

Además de la especialización en la producción agrícola y en la comercialización de bienes, en las comunidades indígenas contemporáneas se observa una incipiente industrialización. La transformación de materias primas para ofrecer diversos bienes demandados por el mercado ya es relevante en la producción nacional y en la economía indígena. La fabricación de muebles de madera, zapatos y la maquila de ropa, son ejemplos que se multiplican en diversos lugares del país. San Juan y San Pedro Sacatepéquez son casos bastante documentados.

En los últimos años, dentro de la actividad agrícola, una de las principales especializaciones ha sido el cultivo de ciertos vegetales para la exportación, son productos agrícolas no tradicionales. La arveja china y las frambuesas, por ejemplo, son productos que han experimentado una expansión muy importante. Según información de la Asociación Guatemalteca de Exportadores de Productos No Tradicionales (AGEXPRONT), en 1998 las exportaciones de vegetales crecieron un 18% respecto a 1997 y sus principales destinos son Estados Unidos y Europa. Las ventas totales de productos no tradicionales (incluye hidrobiológicos y artesanías, entre otros), correspondientes a 1998, superaron los US$1.6 millardos.

Otros aspectos de la división del trabajo

En opinión de la antropóloga Lilian Goldin, la diversidad étnica está frecuentemente relacionada con la especialización ocupacional. En este sentido, la conquista significó que los españoles definieran el tipo y la organización de las actividades económicas de los indígenas dominados. Las actividades productivas estaban orientadas a la satisfacción de la demanda generara por los españoles. La encomienda y los repartimientos de indios, el trabajo forzoso y el pago de tributos, produjo cambios significativos en las formas de producción de los indígenas y determinó la división del trabajo hasta nuestros días.

Como en todas las culturas, la primera división del trabajo es de origen biológico, se observa entre hombres y mujeres. Los roles aprendidos según el género están definidos en las labores domésticas: las mujeres cocinan, lavan la ropa, recolectan las ramas para hacer el fuego, cuidan las aves de corral; mientras que los hombres cultivan la tierra, atienden el ganado, cortan la leña y construyen la casa.

Hay una actividad en la cual ambos, hombre y mujer, coinciden: el comercio. Además es una actividad económica que rompe la frontera entre lo doméstico y lo público. En el caso de la mujer, más dedicada al hogar, el día de mercado es un vínculo directo con la vida de la gran comunidad. La mujer participa regularmente en el día de mercado local desempeñando, al mismo tiempo, los papeles de vendedora (lleva los excedentes domésticos) y consumidora (adquiere los alimentos necesarios para la semana). Al hombre se le encuentra en sitios de comercio más retirados de su hogar, donde vende sus productos agrícolas o se especializa como intermediario. Sobre esta división del trabajo, se encuentra abundante evidencia en los mercados indígenas del Altiplano Occidental de Guatemala. Murakami anota que el 64.3 por ciento de los vendedores indígenas en el mercado de Tecpán Guatemala son mujeres provenientes de los municipios cercanos. Es una división del trabajo relacionada con las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, y con los patrones de conducta considerados correctos respecto al radio de acción de las mujeres; pues una mujer no tiene la misma fuerza que el hombre para cargar bultos pesados y andar largas distancias, y la madre debe quedarse en el hogar para alimentar a los niños. A esta diferencia se fueron añadiendo otras especializaciones: el hombre es quien generalmente habla dos idiomas, o más, para poder hacer efectivo el comercio con gentes de otros pueblos. Este caso se observa frecuentemente en las comunidades q'eqchíes de Alta Verapaz. En el capítulo II se amplía un poco más sobre la división del trabajo en las familias indígenas.

También, dentro del mercado indígena, es importante diferenciar a los productores de los intermediarios. En el primer caso son agricultores que venden directamente sus productos en el mercado, es comercio no es su especialidad. En el segundo caso, los dueños de las casetas formales o estantes permanentes son personas especializadas en el comercio que, a su vez, se especializan en diversos productos: verduras, utensilios para el hogar o telas típicas, por ejemplo.

Dinero

"El dinero hace posible cumplir los deberes reconocidos hacia la comunidad y la propia familia. Ciertamente, el dinero es una de las cosas sagradas de la cultura, junto con otros artículos socialmente valuables como el maíz, el fuego y la tierra. Antes de la conquista las semillas de cacao eran usadas como dinero y tenían acceso a la mitología y a los ritos tanto como al lugar del mercado; su sustitución por las monedas y los billetes de banco ha ocurrido en ambos reinos, y el dinero es tanto una materia ordinaria como un objeto digno de creencias esotéricas y de actitudes sagradas."

Generalmente las transacciones de los mercados indígenas se realizan por medio de dinero en efectivo. En ellos encaja bastante bien la conocida metáfora que define al dinero como el aceite que lubrica el mecanismo de mercado. En Guatemala, el quetzal es el medio de pago generalmente aceptado. Millones de pequeñas transacciones se dan entre los consumidores y los comerciantes minoristas, pero también existen importantes mercados mayoristas donde el dinero en efectivo (monedas y billetes) es el que predomina. Murakami dedicó especial atención al mercado de La Terminal en la zona 4 de la ciudad de Guatemala, como uno los principales puntos de abastecimiento e intercambio entre comerciantes mayoristas que luego trasladan los productos al interior del país o hacia mercados vecinos como El Salvador y Honduras. Hacia 1995 se calculaba que en La Terminal se realizaban, aproximadamente, transacciones diarias equivalentes a los 2 millones de dólares. Es interesante que, en la descripción de los comerciantes mayoristas de verduras de La Terminal, Murakami afirma que casi todos son mayas de género masculino provenientes de Sololá, Chimaltenango y Sacatepéquez. Sólo hay algunos comerciantes no mayas provenientes del Oriente del país. Esta información sugiere es que, en la economía indígena, cada uno de los participantes comprende la importancia del dinero, como una institución económica que facilita el intercambio y que posee las valiosas características de portabilidad, divisibilidad y durabilidad.

El quetzal, por ser la moneda de curso forzoso, es el que más se maneja. Sin embargo, no es extraño que muchos comerciantes indígenas manejen dólares que reciben por los productos que exportan, o colones salvadoreños por la creciente relación comercial con El Salvador. Quizá la familiaridad con los dólares se haya incrementado con las remesas que envían a sus familiares las personas que emigraron a trabajar a los Estados Unidos.

Comportamiento racional

Los modelos microeconómicos se basan en el supuesto del comportamiento racional de los individuos, definido éste como la clasificación sistemática y consistente de las alternativas que se le presentan para resolver un problema, y la elección de una de éstas de acuerdo con las preferencias y la información disponible, buscando tomar decisiones óptimas (conducta maximizadora). El supuesto de la racionalidad es utilizado por la Ciencia Económica porque sirve para explicar comportamientos humanos de forma consistente con los que se observa que acontece en el mundo real. Este análisis, además, se basa en afirmaciones sobre el comportamiento individual en respuesta a cambios en las condiciones del medio que rodea al sujeto estudiado.

En algunos enfrentamientos teóricos entre la economía y la antropología, se afirma que el modelo microeconómico no es capaz de explicar diversos comportamientos que podrían calificarse de contener poca racionalidad económica. Por ejemplo, ¿por qué las mujeres indígenas, siendo pobres, compran trajes típicos que sobrepasan en precio a los vestidos occidentales? El costo de oportunidad es muy alto, afirman los economistas, pero ¿cómo se explica dicho comportamiento? Simplemente existe una valoración subjetiva distinta que llena de racionalidad económica dicha elección. La fuerza de la identidad cultural parece explicar la paradoja. La identidad, definida como "la estructura profunda del yo, por la cual éste asume como propios los códigos conscientes e inconscientes de un determinado grupo humano," incluye un sentido de pertenencia que se expresa a través del uso del idioma o del vestido, entre otros signos, del grupo humano con el cual la persona se identifica, del cual se siente formar parte. Esta necesidad de afiliación o aceptación, como la llamaría el psicólogo Abraham Maslow, parece ser muy importante en el orden jerárquico de las necesidades de una mujer indígena, lo cual se traduce en una preferencia por adquirir un huipil de Q.800.00 en lugar de comprar alimentos para la familia, en el caso propuesto.

Otro caso interesante de analizar es la producción de maíz. En la cosmovisión maya, el maíz es uno de los principales elementos: los seres humanos fuimos formados de maíz. El maíz ha sido, durante siglos, la base de la alimentación de las sociedades americanas. El problema es el siguiente: quienes profesan planteamientos de política económica orientados hacia el desarrollo de los mercados internos han abogado por medidas proteccionistas y precios de garantía para fomentar el cultivo de granos básicos, lo que, a su vez, asegurará el abastecimiento interno y generará excedentes de producción para reducir la dependencia respecto del exterior. Por otro lado, quienes defienden las ideas del libre comercio internacional, argumentan que eliminar las barreras arancelarias y no arancelarias para todos los productos, incluidos los granos básicos, provocará que los agricultores se desplacen de cultivos donde son poco productivos hacia cultivos donde tiene una mayor productividad y, por lo tanto, mayor rentabilidad. Sin embargo, la pregunta apropiada, partiendo de la experiencia, parece ser: ¿qué sucede en la realidad cuando un agricultor, con una cosmovisión maya, debe tomar una decisión sobre cultivar maíz u otro producto más rentable?

Murakami presenta una posible explicación que se basa en una combinación de argumentos económicos y antropológicos: los aspectos culturales se traducen, en el lenguaje microeconómico, en gustos y preferencias. Los indígenas gustan y prefieren la dieta basada en el maíz. Un complemento económico, para la solución del problema, se encuentra en dos de las nociones fundamentales de la administración financiera: la aversión o aceptación del riesgo y la forma en que éste se minimiza. Debido a que, prácticamente, todas las decisiones se toman en un ambiente de incertidumbre, las personas se preocuparan por conocer y manejar adecuadamente el riesgo, según su actitud hacia éste, de tal forma que se minimice al nivel aceptable. En este caso, el problema de administración del riesgo se traduce en elegir un curso de acción sobre cuántas cuerdas de maíz y de verduras se deben sembrar, sabiendo que existe el riesgo de perder dinero en las verduras en detrimento de las posibilidades de adquirir maíz para la alimentación. Pero sabiendo, además, que si las condiciones son favorables, se puede ganar más dinero con las verduras que con el maíz, de tal forma que con las ganancias se puede comprar el maíz necesario para la familia y más.

Según las investigaciones de Murakami, la introducción del cultivo de verduras en el Altiplano Occidental de Guatemala significó un cambio radical en la vida de sus habitantes porque, entre otras consecuencias que se comentarán adelante, los mayores ingresos de las familias eliminaron la necesidad de migrar hacia la Costa Sur para trabajar en las fincas. Ciertamente, una mayor productividad en la horticultura provocó una reasignación de los recursos. Los terrenos donde antes se cultivaba trigo han desaparecido casi en su totalidad y se han convertido en campos para el cultivo de las verduras. Sin embargo, cuando se estudia la extensión de tierra que ocupan las milpas se concluye que ésta no ha cambiado. La mayoría de los agricultores indígenas del Altiplano sigue dedicando la mitad de su terreno al cultivo de maíz, sabiendo que las verduras son fácilmente convertibles en dinero y que, en ocasiones, puede dar ganancias hasta diez veces más que con el maíz.

La explicación de un agricultor indígena es la siguiente: "como el precio de las verduras cambia mucho, es peligroso, por eso queremos producir maíz que es nuestra comida." Esta afirmación es una traducción sencilla del concepto de administración del riesgo, entendido el riesgo como la probabilidad de que ocurra algún evento desfavorable, como una sequía o un huracán. Los indígenas son conscientes de que el cultivo de verduras es una actividad considerablemente especulativa, pues el precio de las mismas puede fluctuar día a día e, incluso, hora a hora. Ese es el caso, también documentado por Murakami, de las papas: por la mañana el precio del quintal puede estar a Q.120.00 pero empieza a caer progresivamente hacia el medio día hasta llegar a Q.60.00 por la tarde.

En conclusión, la cultura determina los gustos y preferencias de los individuos y explica, desde otro marco de referencia axiológico, cómo el comportamiento económico de los individuos continúa siendo racional, optimizador.