Recuadro 2.3
Libre mercado indígena vrs. privilegios coloniales
La institución del tianguis, del mercado periódico, fue preservada durante los siglos de la colonia y persiste todavía como un sistema de abasto eficiente y prácticamente imposible de sustituir. Pero desde entonces, la persistencia tiene mucho de engañosa. El derecho a producir y a comercializar ciertas mercaderías se había segregado en beneficio de grupos particulares de la sociedad [colonial]. Algunos de los grupos beneficiados con los derechos exclusivos para la producción de ciertos bienes no residían en el territorio novohispánico. El vino y el aceite de oliva procedían de España [...] y eran introducidos por monopolios comerciales españoles. La producción interna fue limitada, amputada en muchas de sus posibilidades, conforme a los intereses metropolitanos. Los productos coloniales más valiosos y redituables fueron concesionados a los gremios. Los maestros de esas corporaciones, los dueños de los talleres y los expendios, debían ser de hecho y derecho españoles de sangre no mezclada. Otros productos importantes como los cigarros, el aguardiente y las barajas, entre otros, se reservaron para los monopolios de producción del estado español.
La segregación racial [...] se acentuaba en el proceso de distribución. Comerciantes peninsulares tenían el monopolio para importar o para adquirir las importaciones que traían las flotas desde Europa o el Oriente. [...] Los productos de los gremios se vendían en los expendios de los maestros y se distribuían en el territorio por el grupo organizado de los grandes comerciantes, que a través de sus consulados mantenían políticamente los privilegios de sus monopolios.
[En consecuencia,] los mercados locales, los tianguis, recibían una oferta parcial y limitada, en la que casi nunca estaban presentes los productos concesionados a las corporaciones particulares.
Fuente: Arturo Warman, Mercados Indios, (México: Instituto Nacional Indigenista, 1982), p. 5.