Propuestas Alternativas y Pensamiento Crítico

NO AL SERVICIO POSVENTA DE LAS FABRICAS DE ARMAS

No hace mucho que las guerras en Ruanda, Burundi, Zaire y Congo eran calificadas de "matanzas entre tribus rivales". Al igual que se calificaban de "salvajes drogados" a los diversos contendientes en Liberia o en Sierra Leona, por no referirnos a las interminables guerras civiles de Sudán y de Angola que se contemplan como "la lucha de intereses contrapuestos". En Bruselas se decide qué estados pueden entrar en la UE después de afiliarse a la OTAN: tan pronto como Polonia, Hungría y los checos firmaron su entrada en Washington comenzaron los bombardeos. Pueblos europeos con tradiciones culturales seculares están envueltos en una guerra espantosa. Aquellas riadas humanas, que nos escandalizaron y conmovieron en Africa, las tenemos retransmitidas por los responsables de esta guerra en la que les falló el diseño.

El imperialismo norteamericano está incurriendo en tremendos errores que le van a hacer más difícil contener su huida hacia adelante. Primero, jugó con la provisión de armas y medios a sus aliados; luego, participó activamente en los desembarcos y en el remate de las guerras; después, se aventuró a imponer sus barras y estrellas en el sudeste asiático y masacró a los vietnamitas que nada habían hecho a los yanquis ni amenazaban su seguridad tan peligrosamente como Cuba, Panamá, Nicaragua, El Salvador, Honduras o la isla de Granada. De Somalia tuvieron que salir por piernas al no responder los nativos como se esperaba. Tampoco lo han hecho los servios dirigidos por el psicópata Milósevic. "No sacan sus defensas antiaéreas como habíamos previsto para la primera fase", se lamentaba el impresentable manipulador de la OTAN en funciones de portaversiones.

Después de la guerra del Golfo, ya han prescindido del preceptivo mandato del Consejo de Seguridad de la ONU para lanzar sus aviones y misiles en agresiones a estados soberanos. El fin no justifica los medios y la guerra de agresión es siempre injusta.

Los españoles y el resto de los europeos deberíamos lanzarnos a la calle, declararnos en huelga, asumir una desobediencia civil y obligar a nuestros gobernantes a que nos saquen de esta guerra infernal. España está en guerra y el Parlamento no ha aprobado la declaración necesaria, los diputados sólo se "han dado por enterados". ¡Qué papelón! Vamos arrastrados por los intereses del imperialismo en una ofuscación como la que nos llevó a las anteriores guerras mundiales. Hay dirigentes políticos que no respetan los derechos humanos, pero la civilización y el desarrollo impiden que se resuelvan las diferencias con bombas inteligentes pero sin conciencia.

Es hora de decir ¡basta! a las locuras de unos irresponsables que desatan una guerra sin prever el alojo de los refugiados en cuyo nombre y para defenderlos se desencadenaron las hostilidades.

Lo que no podemos admitir ahora es la prestidigitación por la cual traspasan a las organizaciones humanitarias la carga de la reparación de los daños. Por mucho que nos duela, es preciso no prestarse a ese contubernio: que dejen de tirar bombas y de destrozar puentes, carreteras y medios de vida. Las ONG no pueden ser el servicio posventa de las fábricas de armas. Sólo la Cruz Roja debería estar capacitada para ejercer sus funciones en los campos de batalla. El resto de las ONG deberán participar en la denuncia y recusación de la política suicida y criminal que causa esas víctimas. Es intolerable que se vuelva a desencadenar otra guerra de imágenes en los medios para despertar la visceralidad de la población y se apresuren a enviar paquetes de arroz, pastas y algunas mantas que corren el peligro de enmascarar las auténticas causas del desastre. No es admisible que los gobiernos europeos fleten aviones "humanitarios". Es un cinismo y una hipocresía que hay que desvelar, aunque nos duela el plante ante el dolor de esas víctimas que han causado los responsables de una guerra que estamos pagando con nuestros impuestos. Para atajar el mal en sus raíces, neguémonos a secundar las campañas que ya se están preparando para apadrinar a un niño kosovar, bosnio o albanés. Analicemos las causas de la guerra, busquemos juntos propuestas alternativas eficaces y dejémonos de demonizar al contrario.

José Carlos García Fajardo, Periodista y profesor de la Universidad Complutense