Propuestas Alternativas y Pensamiento Crítico
NO PODEMOS SER NEUTRALES
Malos tiempos para aquellos que defienden valores tan fundamentales como el derecho a la vida. Al Gobierno de Sudán le sobró osadía para bloquear durante tres meses la asistencia a las víctimas de un conflicto que dura ya más de quince años. Los talibán, por su parte, hicieron oídos sordos a las presiones internacionales para llamar la atención sobre la discriminación de la mitad de la población de un país basada en un pretexto tan arcaico como el sexo. Y en Kosovo, Slovan Milosevic ha vuelto a dar lecciones de tiranía al mundo sin que nadie osara pararle los pies. Son ejemplo de violaciones flagrantes de los derechos más básicos.
La firma del Tratado de Ottawa en contra de las minas antipersonas y la Conferencia Fundacional del Tribunal Permanente de Crímenes contra la Humanidad iluminaron el panorama con un rayo de esperanza. Sin embargo, al acabar el año, el estatuto del tribunal todavía no ha sido ratificado por un número suficiente de Estados que permitan a la comunidad internacional disfrutar del instrumento jurídico necesario para construir una paz basada en los sólidos pilares de la justicia. Por otro lado, en cuanto las grandes potencias productoras no firmen el Tratado de Ottawa, habrá todavía que asistir a muchas víctimas de esos artefactos, asesinos de esperanza e inocencia, que son las minas antipersonas.
La labor del trabajador humanitario es limitada. Se reduce a intentar salvar vidas pero no puede eliminar las causas profundas de la tragedia. Corresponde a los políticos, a los líderes de la comunidad internacional, desarrollar las acciones necesarias para evitar que los conflictos se prolonguen, que las violaciones de derechos humanos se perpetúen y que la falta de desarrollo siga haciendo vulnerables a esas tres cuartas partes de la población mundial que vive con apenas un escaso quinto de los recursos disponibles. Por eso, hace ya tiempo que abandonamos la neutralidad. Seguimos siendo imparciales, asistiendo a todos aquellos que lo necesiten, pero nos negamos a ser testigos silenciosos de las violaciones de derechos y principios que nos toca presenciar. No podemos ser neutrales, la realidad nos exige ser intransigentes ante tanta desgracia.
Ahora que tanto se habla de la globalización, la de los valores y los principios humanitarios es una tarea pendiente que no debería seguir posponiéndose. Empezando por la política exterior, todos los campos de la acción política deberían impregnarse de principios y valores como la solidaridad y el respeto a los derechos humanos.
La multiplicación de ONG en los últimos años y el apoyo que éstas reciben de la sociedad civil debería hacernos reflexionar sobre esta especie de rebeldía con causa que está provocando una revolución silenciosa: la de la solidaridad.
Se ha hablado mucho de la politización de lo humanitario, de la utilización política de la ayuda. Creo que este es el momento de humanizar la política. No veo mejor pilar sobre el cual construir la política exterior y de seguridad común que tanto deseamos aquellos que aspiramos a una Europa fortalecida con valores que son ya los de nuestra sociedad: solidaridad y compromiso.
Enma Bonino, Anuario El País 1999, p. 135
Enma Bonino es la Comisaria de la Oficina Humanitaria de la Unión Europea
Madrid, febrero de 1999