Después de enterarme de los resultados finales de la consulta popular efectuada el 16 de mayo, he considerado emitir algunas de las reflexiones que he venido haciendo antes y después del acontecimiento. El resultado a favor del No, tiene muchas enseñanzas, algunas de ellas ponen de manifiesto las profundas contradicciones del pensamiento y acción de los miembros de nuestra sociedad.
Voy a empezar por los problemas que para mí son de forma, o sea, las cuestiones meramente operativas del proceso de reforma. Es claro que la mayoría de personas que se han pronunciado sobre los resultados (victoria del No) opinan que dicho resultado es un mensaje claro a los políticos. Es cierto. Tanto el Gobierno como los partidos políticos representados en el Congreso manejaron mal el proceso de las reformas. No conformes con las propuestas surgidas en el marco de los Acuerdos de Paz, hicieron gala de un profuso populismo para aumentar el número de las reformas a 50. Las opciones que le dieron a la población para votar fueron reducidas, primero pretendían que se respondiera a una sola pregunta, luego a cuatro, pero seguía latente el problema de la falta de libertad para escoger. La forma en que redactaron y dieron a conocer dichas reformas se prestó a malas interpretaciones, la cobertura fue poquísima, dando lugar a que se manipulara fácilmente a la población tanto para un Sí como para un No. Por ejemplo se usó el tema de la paz como caballito de batalla: "Si quieres la paz, vota no" o "Si quieres la paz, vota sí" rezaban los slogans según el lado para donde el péndulo ideológico se inclinara, ambos lados pecaron de populismo e improvisación. Además, la población alfabeta es reducida, pocos conocen la actual Constitución, por lo que cómo se esperaría que conocieran las reformas a la misma. Aunque algunos medios de comunicación y otras organizaciones hicieron esfuerzos loables para dar a conocer las reformas de una forma imparcial, tal esfuerzo tuvo poca cobertura. La mayoría de la población apenas si se dió por aludida, otros ni siquiera tenían claro para qué tenían que votar e inclusive por quién! Algunos asociaron el sí con una aprobación de la actual gestión panista y el no con el rechazo. Una propaganda especialmente perversa fué aquella que decía: "si usted no conoce las reformas, vote NO" ésta era el colmo de la manipulación y de la falta de seriedad. Pero bueno... lo hecho, hecho está.
Pero los temas fundamentales, que cuestionan la naturaleza de la nación y del Estado como reflejo de está, aún están sobre el tapete, esperando el momento de que sean abordadas sobre la base de los hechos históricos. Primero: el hecho de que en el artículo 1 se hablara de la diversidad de la Nación no implicaba en ningún momento un intento separatista, o segregacionista. Era apenas un reconocimiento formal de la constitución de la Nación, producto de una historia, que nadie puede negar su carácter de excluyente y hegemónico. Ningún historiador serio lo ha negado. Y no hay que caer en la trampa en la que pretenden hacernos caer algunos cuando establecen la analogía historia = pasado, hablar de historia es no sólo hablar de los hechos pasados sino de la forma que tales acontecimientos aún siguen explicando las actuales condiciones, particularmente en lo que se refiere al sistema de valores. Si la población indígena está postrada en la marginación y en la exclusión del desarrollo humano, ciertamente no es una cuestión de la casualidad, ni como pretenden hacer creer los de pensamiento retrógrado cuando dicen que "están así por su conformismo, es parte de su cultura", en una frase resumen el alto componente de ignorancia sobre el otro y de intolerancia, dichas apreciaciones carecen de todo rigor científico, insinúan indirectamente una pretendida superioridad no sólo intelectual sino cultural, al más burdo hitleriano.
Ya lo demostraron Sol Tax y otros prominentes conocedores de las culturas ancestrales de Guatemala, la cultura maya no gira sobre una lógica anti-mercado, al contrario son el reflejo de un capitalismo microscópico, cuyo desarrollo requiere de la formación de capital tanto físico como humano. Y no falta alguien que diga lacónicamente, con aires de sabio patriarca: "Hay indigenas que tienen pisto" Sí, es cierto. Pero tal excepción no hace sino confirmar la regla. Los departamentos con mayor exclusión del desarrollo humano, según el informe: "Guatemala, los contrastes del desarrollo humano" publicado por el PNUD, son los que a su vez tienen mayor población indígena, poblaciones que con la esperanza de que al fín pudieran tener cierto reconocimiento por lo menos formal, ratificaron con un sí las reformas. Es comprensible y a la vez legítimo, aún tienen viva las horrendas imagenes del más detestable holocausto que jamás hayan padecido los descendientes de los mayas después de la conquista española. El artículo 1 tanto de la constitución del 85 como la anterior, la del 64, rezan candidamente "El estado se organiza para proteger a la persona y a la familia. Su fín supremo es la realización del bien común". ¡El Estado fué el principal violador de los derechos humanos durantes los 36 años de conflicto armado con un 95% de las violaciones! ¿Acaso no basta esto? Como bien lo dijo la comisionada de la CEH, Otilia Lux de Cotí en la entrega oficial del informe "Guatemala, memoria del silencio": "A nosotros los indígenas nos había tocado conocer el hambre, la miseria, la exclusión, pero como si ello no bastara, nos faltaba conocer lo más horrendo de todo: la violación del mas elemental derecho, la vida "
Realmente no entiendo a aquellos que hablan de que la nación debe ser unida, de que las reformas pretendían la segregación, el conflicto étnico, supongo que hablan cándidamente, al estilo de los escritores ingleses como Lewis Carroll o Chistian Andersen. ¿De qué unidad están hablando? ¿Acaso siempre ha estado unida la Nación? ¿No fué el conflicto armado, la mejor muestra de un Estado racista e intolerante y, en última instancia, de la hegemonía ejercida contra los indígenas? Así que no me cuesta imaginar (a los indígenas) con sus rostros agobiados y con ojos cansados de tanta exclusión y abuso, dejar por un momento sus actividades cotidianas, hacer el esfuerzo y tener que caminar dos o inclusive seis horas (ejemplo: de la Zona reina hasta Uspantan o las poblaciones del Triángulo Ixil) desde la aldea o caserío, hacia el único centro de votación colocado en la cabecera municipal (¡otro reflejo de exclusión!) Tambien ahora, tendrán otra historia triste que contar: "Bajamos un día domingo, en medio de las neblinas que acompañan el camino a la aldea, caminamos entre el barro y las piedras, bajamos para que reconocieran que habíamos estado excluidos de los asuntos importantes de la nación. Todo fué en vano, ni siquiera en eso, en algo formal, fuímos reconocidos, no digamos en la práctica".
Algunos que apoyaban el NO hacen la consabida crítica, más que liberal, antisocialista (porque son más que todo seudoliberales anticomunistas): "No es posible reconocerle derechos a unos en particular, porque no se les debe privilegiar" Es cierto. No se les debe privilegiar, porque nunca han estado privilegiados, ni tomados en cuenta, ni incluídos en el desarrollo humano. Esas mismas personas no conciben otros privilegios más que los únicos que ellos gozan, por hablar el idioma hegemónico, el sistema de justicia imperante, lo ven como algo normal. Tal perorata liberal olvidan que los factores históricos y políticos tambien tienen relevancia. El voto del NO, refleja a su vez en buena parte las contradicciones en las que se agita la sociedad guatemalteca. Me temo que en el fondo hay algunos que lo hicieron por motivaciones racistas (precisamente lo que se le criticaba al SI). Tampoco entiendo como algunos pueden conciliar su credo judeocristiano (en algunos casos intolerantes de la religiosidad indígena) que predica por un lado el seguimiento de Jesucristo y el amor al prójimo, y por otro lado no quieren o no conocen la realidad de la población indígena. Sólo acomodan la religión a sus intereses, tal como lo hicieron los conquistadores al justificar con la fé la barbarie que cometieron con nuestros antepasados. Toman del Evangelio sólo aquella parte que no atenta con el status quo, olvidan el papel liberador de Jesucristo, la liberación del pueblo de Israel de la opresión egipcia que se relata en el antiguo testamento. Al final dicha religión no tiene otros propósitos que los utilitarios: hay que creer, o decir que se cree, para aplacar el más terrible miedo: la muerte. Se cree para conciliar los actos con su conciencia. Es un credo de maquillaje,con tufo a convecionalismo social: otro producto de sus contradicciones. Detrás de la gastada frase según la cual: "las normas deber ser abstractas, generales, de aplicación para todos" argumentan que la única igualdad posible es la igualdad ante la ley y ante dios (este último, un espejismo milenario). Si tal igualdad ante la ley ha exisitido, ¿porqué sólo reclutaban para el servicio militar a los jóvenes indígenas, quienes en su mayor parte eran quienes más ayudaban a sus familias? Si el discurso no pasa de eso, lo más seguro es que esté condenado al fracaso. Cuando hablan de la igualdad ante dios, no pretenden sino justificar por el lado religioso la hegemonía y el status quo. De esto se puede hablar inclusive -apelando al supremo valor de los liberales- de la libertad. Sí, del derecho a la libre determinación de los pueblos, algo que ni siquiera se estaba planteando en las reformas, y que eso sí era algo más de fondo.
Si lo que he escrito, invita al debate, me gustaría mucho.
Puede parecer irrespetuoso, estoy consciente de eso. Pero tambien a los indígenas se les
ha faltado el respeto y, lo peor de todo: constantemente.
Aj´kem Tz´ij