Contenido
División del trabajo en la familia indígena
El día de mercado como fuente de información
Principales tipos de intercambio
Recuadro 2.6 La compra - venta
Espacio y tiempo de relaciones interculturales
Inserción de la economía maya en el mercado internacional
Recuadro 2.7 Los cultivos no tradicionales
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En la economía indígena se han encontrado ciertas características que reflejan la importancia de los valores éticos en la actividad económica. Por ejemplo, aun persisten conductas que ponen manifiesto los principios de reciprocidad y redistribución. Muchas tradiciones y costumbres muestran que no existe antagonismo entre los individual y lo colectivo, sino que ambos niveles se integran a través de diferentes instituciones, en particular la familia. También, la forma de concebir la relación de los seres humanos con la naturaleza, por ejemplo, otorga matices distintos a la actividad económica en la cual no se descuidan las nociones del equilibrio y armonía. Incluso, podría profundizarse en el funcionamiento del mercado indígena para ver si los valores únicamente confluyen a él, o si la institución misma es un valor, es decir que forma parte del conjunto de ideas del Pensamiento y la Sabiduría mayas, "que fundamentan la identidad de la persona en su convivencia social y su relación con la naturaleza, sustentan la vida de la familia y la comunidad, motivan la actitud para crear, construir y resolver, y manifiestan la espiritualidad," como explica Salazar Tetzagüíc en su estudio sobre los valores mayas.
Los valores de la filosofía maya "se trasladan de una generación a otra de una manera natural en las relaciones sociales, en las actividades y vida familiares, en la espiritualidad, y por medio de las prácticas educativas establecidas en la comunidad. Los valores se aprenden y se intercambian entre comunidades; son preservados y observados cuidadosamente porque se considera que tienen relación directa con la libertad y dignidad de las personas."
El carácter sagrado de la naturaleza es un valor que se resume en el concepto de la Madre Tierra. Como explica Salazar Tetzagüic, en la cosmovisión maya, "todo lo que existe en la naturaleza tienen su razón de ser, su función y su protector, [por ello] se debe cuidar y proteger la tierra y la naturaleza [...] que nos mantiene la vida y por eso estamos íntimamente unidos a ella." Así se expresa un indígena de Baja Verapaz respecto de la tierra: "Ella nos da el agua, el maíz, los frutos, la leña y la madera para hacer nuestras casas. Caminamos en ella. Ella nos cuida, nos protege, como que nos da de mamar." Conocer esta conceptualización y espiritualidad es importante para comprender porqué "la tierra no es sólo, ni primordialmente, un bien material sino espiritual." Incluso, las frases que utilizan los mayas para referirse a su relación con la Madre Tierra reflejan "otra dimensión más profunda de su significado simbólico: la Tierra es el rostro femenino de Dios. Expresa múltiples facetas de la maternidad de Dios. Se nos muestra como origen de la vida, como madre que protege, cura, castiga y sufre por sus hijos."
Ambos valores, el carácter sagrado de la naturaleza y el agradecimiento contrastan con los criterios de las sociedades occidentales capitalista que ven en la tierra un recurso más de producción, a la cual se le puede comprar o vender, y que se debe explotar (hasta donde el ingreso marginal sea igual al costo marginal) para maximizar las ganancias; y que no creen en la gratuidad porque en las relaciones impersonales del mercado, que se dan en las sociedades abiertas, la recompensa se encuentra en el intercambio mismo y no hay necesidad de preocuparse por los demás debido a que cada individuo, trabajando por su propio interés y sin darse cuenta, contribuye al bienestar de los demás.
La valorización del trabajo también tiene sus diferencias. Mientras que en las sociedades occidentales el trabajo es otro factor de producción que debe ser remunerado de acuerdo a su productividad marginal, en la base moral maya: "el trabajo diligente y responsable tiene íntima relación con el valor de la misión que toda persona debe cumplir en la vida." La cooperación social no es simplemente la participación en los mecanismos impersonales del mercado cuyos resultados en materia de bienestar dependen de los caprichos aleatorios de una mano invisible. "Uno de los baluartes de la sociedad maya en materia de desarrollo comunitario , es la cooperación, que es otra manera en que se manifiesta la solidaridad. Existen distintas maneras de solidaridad o ayuda mutua: la práctica del trabajo común, el recibimiento comunitario que se le da a una niña o niño al momento de su nacimiento, la educación en la solidaridad de los hijos mayores hacia los más pequeños o la compleja celebración de matrimonio que constituye una fiesta de la comunidad."
Esta característica de la solidaridad ya había sido observada por Diego de Landa en el siglo XVI: "los indios tienen la buena costumbre de ayudarse unos a otros en todos los trabajos. En tiempo de sus sementeras, los que no tienen gente suya para hacerlas, júntanse de 20 en 20 o más o menos, y hacen todos juntos por su medida y tasa la labor de todos y no la dejan hasta cumplir con todos."
En conclusión, todo este sistema de valores influye directamente sobre la dinámica económica cotidiana de la cultura maya. La actividad comercial se ve moldeada por un sistema de incentivos morales que preserva los beneficios del intercambio libre y voluntario (aproximándose, si se quiere, a un capitalismo utópico) y evita el uso de la fuerza y el engaño (alejándose, para contrastar, de un capitalismo salvaje). "Los mercados indígenas honran una ética, una forma de accionar correcta y comúnmente aceptada, que se basa en normas y principios ancestrales que emanan del valor de la palabra. En el caso de los mercados indígenas, ética y derecho no son dos entes diferenciados, como en la cultura mestiza, sino que están incluidos dentro de un todo denominado Cultura (con C mayúscula)."
División del trabajo en la familia indígena
En los hogares indígenas, generalmente se observan las siguientes normas de conducta respecto a la división del trabajo:
El padre de familia es el encargado de proveer el maíz, el frijol y la leña. La esposa debe conseguir el dinero necesario para el gasto, es decir para la compra de otros bienes como azúcar, café, sal, jabón e hilo para tejer.
Como se mencionó con anterioridad, en la aproximación teórica, la participación de la mujer en la vida pública se realiza a través de sus actividades comerciales en el marco del día de mercado. Esa es una de las principales formas en que la mujer aporta ingresos al hogar, pues los excedentes del trabajo doméstico son llevados a la plaza (se aporta a las necesidades de la comunidad) para obtener otro tipo de bienes requeridos por la familia. Sería enriquecedor un estudio especializado en el papel que la mujer indígena juega en la economía familiar, comunitaria (local) y nacional.
El día de mercado como fuente de información
Las actividades comerciales son parte esencial de la vida cotidiana de las comunidades indígenas de Guatemala. ¿Qué es lo que impulsa a los indígenas hacia el comercio? Ciertamente la obtención de ganancias para poder vivir es una de las razones, pero no explica suficientemente el fenómeno. Hay, como insinúa Murakami, otras razones más profundas.
Como se ha insistido con anterioridad, el mercado no es únicamente el lugar físico donde se realizan las transacciones comerciales, es un lugar de encuentro en torno al cual gira la vida religiosa, política y social de la comunidad. Pues casi todos los mercados indígenas se establecen alrededor de la plaza central donde se encuentra el templo católico, las oficinas de las autoridades municipales y otros establecimientos que prestan servicios básicos a la población. Los sitios de mercado constituyen una red de información que le permite a las personas mantenerse en contacto entre sí, interactuar.
Los mercados indígenas son auténticos espacios y tiempos de intercambio de información. En palabras de Liliana Goldin, "la compleja red de mercados interdependientes representa una red de relaciones sociales y políticas para las poblaciones de las distintas regiones [...] los mercados se constituyen en un medio para adquirir conocimientos étnicos y son reconocidos como sitios de interacción pacífica, incluso en tiempos de la violencia." En otras palabras, Goldin, parece sugerir que los mercados indígenas fortalecen la identidad y unidad de los distintos pueblos mayas porque no son únicamente una alternativa económica (para el abastecimiento de bienes) sino que, además, son un marco adecuado para el intercambio social y para la reproducción misma de la cultura. Quizá eso explique porqué los mercados indígenas han sobrevivido a través de los siglos y, en años recientes, porqué no cesaron su actividad a pesar del conflicto armado interno que afecto principalmente a las poblaciones indígenas del país.
Básicamente, los sitios de mercado proveen a sus participantes de tres tipos de información relevante:
Principales tipos de intercambio
Las modalidades de intercambio a lo largo de la historia humana son innumerables, cada cultura ha desarrollado sistemas propios, aunque algunas características han sido comunes, y han evolucionado como toda institución cultural. Es más, el análisis histórico y antropológico de los tipos de intercambio revela a los economistas un dato importante: los mercados modernos sólo representan uno de los varios modos alternativos de intercambio a lo largo de la historia.
El intercambio mutuamente beneficioso no ocurre sólo en las economías regidas por los mecanismos de mercado. Todas las culturas tienen una economía que se inserta en las relaciones institucionales como el parentesco o el control político, lo que ocasiona que los mecanismos de mercado no sean los únicos ni los principales incentivos que rigen el intercambio. Conductas aparentemente anti-económicas, dentro del marco de referencia del mercado, tienen una racionalidad si se observan dentro de su contexto cultural.
En opinión de Warman, uno de los ejes que ordena el mercado indígena, al cual califica como institución de múltiples propósitos, es el intercambio directo entre productores y consumidores, lo que permite menores precios en ausencia de los intermediarios. Desde su perspectiva, en los mercados indígenas existen mecanismos muy sutiles para minimizar la presencia de los intermediarios y maximizar los beneficios de productores y consumidores finales: "El idioma indígena, el conocimiento directo de la gente, el respeto a los viejos lazos comerciales, sancionados por lazos religiosos como el compadrazgo, las formas de confianza que genera el reconocerse como pobres, entre otras muchas, son las fronteras invisibles del intercambio directo en el mercado [...]."
Marvin Harris, explica que los antropólogos han distinguido tres tipos principales de intercambio, siguiendo la obra del economista Karl Polanyi:
Una característica interesante que ilustra la supervivencia de tradiciones centenarias en los mercados indígenas es el uso de diversas unidades de medida propias del antiguo sistema maya. Supuestamente, en la República de Guatemala, el sistema métrico decimal es de uso obligatorio especialmente en lo concerniente al comercio regulado. Por citar dos casos conocidos en todo el país: a) El peso de todo producto debería expresarse en kilogramos y no en libras. b) Las longitudes deben ser expresadas en metros y no en varas o yardas. Más aún, en el caso de los mercados indígenas existe un amplio listado de unidades que miden peso, volumen o longitud: un huacal, un manojo, una mano, una cuerda, por ejemplo.
En opinión de Racancoj, el sistema de medidas de la cultura maya precolonial pone de "manifiesto el amplio y desarrollado sistema comercial de Mesoamérica." La difusión de dicho sistema constituye un aspecto determinante para realizar el comercio de forma organizada. En la actualidad, dicho sistema de mediciones conlleva dificultades para los consumidores ajenos a los mercados indígenas pues se les hace difícil la comparación. Si pocas personas saben que un kilo equivale a 2.205 libras, es menos probable que sepan que una jícara contiene 1.2 litros. Sin embargo, la funcionalidad de dichos sistemas ha permitido, no sólo que perduren, sino que se impongan espontáneamente sobre el sistema métrico y el difundido sistema inglés.
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La compra - venta del mercado Los mercados aparecen en forma rudimentaria dondequiera que grupos de gentes sin lazos de parentesco y extraños se reúnen e intercambian artículos. Entre los pueblos organizados en bandas y aldeas, el comercio en mercados normalmente implica el trueque de artículos de consumo. En este tipo de mercados, anterior al desarrollo del dinero multifuncional, sólo se intercambiaba una variedad limitada de bienes y servicios. Con el desarrollo del dinero los intercambios mercantiles pasan a dominar todas las demás formas de intercambio. Prácticamente todo lo que se produce o consume tiene un precio, y la compra - venta se convierte en una importante preocupación o incluso obsesión cultural. La compra - venta en un mercado constituye un modo distintivo de intercambio puesto que especifica con toda exactitud el tiempo, cantidad y forma de pago. Además, a diferencia de la reciprocidad o la redistribución, una vez concluido el pago en dinero, no existen posteriores obligaciones o responsabilidades entre comprador y vendedor. Fuente: Marvin Harris, "Economía, intercambio y control," pp. 248-249. |
Ese sistema de precios se mueve de acuerdo a la interacción entre oferentes y demandantes. En los mercados indígenas, para llegar el precio de venta final se pasa por un proceso llamado regateo en el cual el vendedor hace la primera oferta asignando un precio inicial a su producto. Luego, el potencial comprador hace una contra oferta hacia la baja (por supuesto). El vendedor acepta o rechaza la propuesta. Si la acepta se cierra el trato, si no la acepta sugiere otro precio menor al inicial pero mayor al manifestado por el cliente. Ahora le toca al consumidor decidir si acepta o rechaza. Si acepta debe pagar el precio acordado, de lo contrario hará una nueva oferta. Si no llegan a un acuerdo, el comprador irá a otro puesto para ver si consigue el mismo producto al precio deseado.
El regateo es uno de los principales mecanismos institucionalizados en los mercados indígenas. Por medio del regateo se alcanzan óptimos de pareto llegando al equilibrio después que el oferente intentó hacer una discriminación de precios y el consumidor trató de maximizar su excedente.
En la descripción de Goldin sobre la cultura del mercado en las comunidades mesoamericanas, al referirse al regateo afirma que la negociación más larga y difícil, y que inicia con un precio más alto, ocurre cuando las partes involucradas no se conocen bien o son totalmente desconocidas. El proceso de regateo es más corto, fácil y amigable cuando ambos (comprador y vendedor se conocen) y tienen una relación establecida, por lo que el precio que se pide primero es más cercano al precio de venta esperado. El regateo, planteado con esas características, parece un rito de identificación social que permite relaciones económicas más fluidas.
Tax, en su estudio sobre los mercados indígenas de Panajachel y Sololá, llega a la conclusión de que "a la larga, los precios son fijados en el mercado público competitivo", gracias a la costumbre generalizada del regateo. Según sus observaciones, hay algunos productos que no puede regatearse (como los fósforos o cigarrillos que tienen un precio fijo), pero es probable que siempre se regateen bienes que nos son idénticos en calidad y tamaño (frutas, verduras, gallinas y otros). En su opinión, es exagerado afirmar que los indígenas recurren al regateo porque gozan con él. Concluye diciendo que el regateo tiene una función "genuinamente comercial en relación con las mercancías que no pueden tener precios fijos: sólo por medio de las experiencias que proporciona el regateo en un determinado día de mercado pueden los compradores y los vendedores fijar sus respectivas posiciones."
Sin embargo, Baéz-Jorge considera que el regateo es una institución de engañosas pautas, "que por encima de la apariencia costumbrista constituye un refinado instrumento de explotación mediante el cual se les vende más caro o se les compra más barato a los indios." A pesar de que considera el regateo como una escenificación, cuyos diálogos y actitudes se basan en antiguas pautas culturales, opina que los gestos y palabras (aparentando enojo o protección) forman parte de la infinidad de recursos que los comerciantes utilizan en sus prácticas dirigidas a influir en el ánimo de los clientes. Su conclusión es que "con el regateo no sólo se vende o se compra, antes que nada se convence."
Pareciera que el regateo no es un "arma" del ladino, sino todo un ritual indígena que se ha difundido en la medida en que los consumidores, principales actores de la transacción, se benefician. Ciertamente, para el vendedor sería ideal que no se le rebatiera el precio que pide en primera instancia, pero él está consciente que si no se incorpora a la escena dejará de vender. Ambos actores utilizan los recursos que están a su alcance: exclamaciones como ¡no se puede, así no me sale! son comunes entre los oferentes que no están dispuestos a bajar más el precio. Mentiras como ¡allá enfrente lo dejan más barato! son típicas de los compradores (que también desean aprovecharse de la información asimétrica), que como último recurso simulan que se retiran o buscan un precio intermedio (con el cual no se perciba que alguien perdió y otro venció) diciendo ¡ni tú ni yo, pues!. Finalmente, el vendedor dirá con cara de aparente molestia: llevátelo, pues.
Espacio y tiempo de relaciones interculturales
Adicionalmente al intercambio de mercancías y de información, los mercados son lugares propicios para las relaciones interculturales. En este sentido, es útil aludir a la digresión que realiza Hayek, en su obra El Orden de la Libertad, sobre la conveniencia de remplazar el término orden de mercado por catalaxia, expresión derivada del <<verbo griego katallatein o katallassein, el cual significa no solamente "intercambiar" sino también "recibir" dentro de una comunidad y "transformar un enemigo en un amigo">> Esto es importante porque da a entender que las relaciones de mercado trascienden el mero intercambio mercantil para constituirse en un elemento integrador de la sociedad. El mercado indígena también, como afirma Warman, "es un espacio de convivencia, de expresión civilizada a través de exquisita cortesía. Viejas relaciones sociales se renuevan en los apretados pasillos y otras nuevas se establecen." Es un ambiente siempre festivo en que destaca la tolerancia como forma de relación entre la gente.
Un canal privilegiado para las relaciones interculturales es el idioma. El español (la castilla, como dicen los indígenas) se habla como lengua franca para comerciar en la mayoría de los mercados, aunque en algunos lugares el español es sólo el segundo idioma. Sin embargo, el que el español sea importante para comunicarse entre personas que tienen un idioma materno distinto, no desestima la gran relevancia de los idiomas mayenses en los sitios de mercado, pues entre las personas de la misma etnia sí se utiliza en primera instancia el idioma materno (ver Anexo 1). Lo importante es que la realidad plurilingüe de los mercados es un indicativo de la interacción entre diversas culturas.
Al hacer un análisis sobre la composición de los vendedores en los mercados del Altiplano Occidental y de la Costa Sur, el etnólogo japonés Murakami señala que en los primeros: más del 90 por ciento son mayas; y en los segundos: los mayas son más del 50 por ciento; el complemento son no mayas (ladinos). Además, en el caso de Tecpán Guatemala, el 83.9 por ciento de los vendedores son del grupo kaqchikel (el predominante en la zona) e interactúan con personas provenientes de los grupos tz'utujil (Santiago Atitlán) y k'iche' (Chichicastenango).
Como se ha intentado ilustrar, en los mercados indígenas se encuentran funcionando los mecanismos de mercado, condicionando y siendo condicionados, a la vez, por aspectos culturales. Pero, al lado de las bondades del mercado también se encuentran sus defectos. Los problemas de información asimétrica están presentes en todas las relaciones de intercambio. Lo interesante es que, nuevamente, la complementariedad con elementos propios de la institución cultural, facilita la minimización de dichos problemas.
Dado que en los mercados indígenas se encuentra un alto grado de competencia las estrategias de mercadeo son determinantes para ganarse la confianza de los consumidores. Es común ver a los vendedores de quesos, por ejemplo, ofreciendo pequeñas porciones para que los clientes comprueben por sí mismos la calidad del producto. En casi todos los puestos de frutas, los vendedores tienen porciones destinadas exclusivamente para la prueba. Los vendedores con puestos fijos o locales provisionales (pero de asistencia semanal) saben que, en largo plazo, es más ventajoso cuidar su reputación y asegurarse la fidelidad de los consumidores. Los compradores, después de asumir los costos del ensayo y el error, frecuentan a los marchantes que les han atendido mejor, respecto a precio, calidad y garantía.
En el caso en los vendedores ambulantes se observan dos fenómenos. Primero, son auténticos free raiders pues participan y se benefician de la infraestructura del sitio de mercado pero no pagan la tasa municipal. Los empleados de la comuna no pueden controlar a los vendedores ambulantes para cobrarles el derecho de piso. Segundo, los casos donde la información asimétrica se convierte en un problema de hit and run, ocurren, como era de esperarse, con los vendedores ocasionales, como los que ofrecen pócimas maravillosas que curan cualquier enfermedad. Ellos engañan a las personas (hit) y luego abandonan el lugar (run).
Inserción de la economía maya en el mercado internacional
Parece que las investigaciones recientes sobre la dinámica económica del Altiplano guatemalteco reflejan un proceso de transición, desde la economía de subsistencia y del comercio restringido al ámbito local, hacia la economía de exportación.
Uno de los principales efectos del comercio global sobre la economía nacional se observa en la actividad agrícola. El cultivo de hortalizas ha sustituido la producción de trigo en el Altiplano Occidental. Muchos de los agricultores indígenas del Altiplano Occidental, como lo documenta Murakami, han aumentado sus ingresos anuales de tal forma que ya no necesitan desplazarse a la Costa Sur para trabajar en las plantaciones tradicionales de café o caña de azúcar, gracias a que ya no cultivan únicamente para obtener su alimento (maíz y frijol) sino que utilizan sus tierras para la producción de productos agrícolas de exportación (como la arveja china o el bróculi).
Las investigaciones de Murakami explican que las causas del desarrollo del cultivo de las verduras tienen tres vertientes. Primera, el medio ambiente del Altiplano es favorable para dichos cultivos pues se dan las condiciones adecuadas de precipitación pluvial, sol, temperatura y calidad de la tierra. Segunda, en el aspecto técnico, la introducción de los sistemas de riego y la proliferación de agroquímicos permitió el aumento de la productividad por área cultivada. También las mejoras en el transporte de las mercancías facilitaron el comercio mayorista. Tercera, las políticas gubernamentales en materia de infraestructura vial favorecieron a la región, también organizaciones no gubernamentales realizaron inversiones promoviendo el cultivo de verduras. Finalmente, la elevada demanda del mercado internacional por este tipo de productos determinó que su producción y comercialización fuesen rentables.
| Recuadro 2.7 Los cultivos no tradicionales A partir de la década de 1970, varias agencias internacionales incentivaron la agricultura no tradicional en Guatemala por medio de una estrategia de desarrollo basada en las exportaciones. Esto ayudó para que se expandieran los cultivos de melón, arveja china, bróculi y otras verduras, además de frutas, flores y tubérculos que se cultivaban, anteriormente, sólo para el mercado local. La baja de precios de los granos básicos propició que pequeños agricultores, principalmente en el altiplano central y occidental, se involucraran en el cultivo de productos no tradicionales para la exportación. A la fecha, los agricultores trabajan independientemente o por medio de contratos con empresas agroexportadoras. Los insumos y agroquímicos son caros, por lo que el agricultor debe pedir un préstamo a la empresa agroexportadora que adelanta semillas y agroquímicos al productor a cambio de que el agricultor le venda su cosecha. [...] La obtención de una buena cosecha de ninguna manera asegura una buena venta pues existe el inconveniente de que los precios varían constantemente en el mercado internacional. Debido a estos riesgos, muchos agricultores sólo cultivan una parte de sus tierras con productos no tradicionales, la otra parte, con cultivos tradicionales. Fuente: Instituto de Lingüística, Tradición y Modernidad, (Guatemala: Universidad Rafael Landívar, 1993), pp. 228-238 |
Los principales efectos del desarrollo del cultivo de verduras son complejos, se relacionan mutuamente. Según Murakami el primer efecto visible es el destino que se le dio a las tierras, disminuyó su uso para cultivos poco rentables y para bosques y ganadería. Luego se establecieron límites más estrictos para proteger las plantaciones, lo que condujo a la privatización de ciertos terrenos comunales. Un segundo efecto de la migración productiva hacia las verduras fue el desarrollo de los mercados regionales donde se negocian las mismas y, por lo tanto, ocurre una mayor penetración de la economía monetaria. Finalmente, como ya se mencionó, el cultivo de hortalizas para exportación también afectó el mercado laboral: muchas personas dejaron de ir a trabajar a las fincas de la Costa Sur del país.