Capítulo II MERCADOS INDIGENAS DE GUATEMALA |
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Población indígena de Guatemala
Según los resultados del X Censo de Población realizado en 1994, el 42.8% de la población de Guatemala es indígena. Sin embargo, utilizando otros criterios, algunos estudiosos afirman que los indígenas representan el 61% de la población. Uno de los principales criterios utilizados en Guatemala para definir a los pueblos indígenas ha sido el idioma: conglomerados humanos conformados por una o varias comunidades lingüísticas. Desde este punto de vista: "en Guatemala existen 23 comunidades étnicas que conforman 3 Pueblos Indígenas. El Pueblo Indígena mayoritario es el de origen maya que está conformado por 21 comunidades lingüísticas. Los 2 Pueblos restantes (garífuna y xinka) están constituidos, cada uno, por un grupo lingüístico minoritario." Al respecto, vale la pena aclarar que en este trabajo se utiliza generalmente el término indígena como sinónimo de maya, y se privilegia el uso del concepto cultura maya sobre pueblo maya.
En el debate sobre la problemática socioeconómica del país, ha predominado la concepción del indígena como campesino, ligado fatalmente a la agricultura de subsistencia (ver Recuadro 2.1) y, por lo tanto, dependiente exclusivamente de la tierra.
Recuadro 2.1 Agricultores de subsistencia Guatemala, en contraste con otros países de América Central, es rica en diversidad cultural y lingüística. Tiene una población de más de ocho millones de habitantes, la mitad de los cuales hablan por lo menos una de más de 20 idiomas indígenas. Descendientes de los grandes pueblos mayas que hicieron las enormes pirámides y los centros ceremoniales de las tierras bajas de México y Centroamérica, los indios contemporáneos de Guatemala viven congregados por cientos en pequeñas comunidades rurales esparcidas a lo largo del majestuoso altiplano central y occidental. Son esencialmente agricultores de subsistencia que viven del maíz, los frijoles y los vegetales. Por más de un siglo han estado integrados a las economías nacional e internacional como consumidores de bienes comerciales occidentales y como trabajadores estacionarios en las grandes fincas de café y algodón que se ubican en la costa del Pacífico. Fuente: Shelton Davis, "Sembrando las semillas de la violencia" |
Sin embargo, la identificación de que todo indígena es un campesino parece muy limitada, pues deja por fuera la tradición ancestral de la cultura maya respecto al comercio, no sólo como una forma de intercambio mercantil sino como una auténtica manifestación cultural respaldada por todo un sistema institucional. El comercio de las comunidades indígenas es parte esencial de su vida social.
La antropóloga Carol Smith (ver Recuadro 2.2) también sugiere que es una falacia muy difundida la de que todo indígena es campesino, en el sentido de que depende exclusivamente del trabajo agrícola. Para ella, en todo caso, el concepto de campesino podría ser entendido en forma más amplia.
| Recuadro 2.2 ¿Indígena = campesino? La información sobre el problema ocupacional en los censos nacionales no sólo no revela la diversidad ocupacional en el occidente del país, sino que parcialmente la encubre. Una de las razones de este ocultamiento es que la mayoría de estudiosos de la población rural en Guatemala suponen que todos son campesinos y que los campesinos simplemente labran la tierra. Así, cuando la gente rural de Guatemala le dice por ejemplo a quienes levantan los censos que son campesinos, automáticamente se supone que eso significa que trabajan en labores agrícolas de subsistencia. De hecho, para la mayoría de la gente del campo en Guatemala, ser campesino significa estar ubicado en un status particular y no ejercer una ocupación definida: es el status de ser gente rural, relativamente privada de poder y relativamente pobre, y que además trabaja un poco la tierra. Cuán poco no suele revelarse. [...] Indios que se consideraban campesinos obtenían menos del 10% de su alimentación con su trabajo agrícola. Es más, este tipo de trabajo alcanzaba menos del 10% de sus actividades productivas. Fuente: Carol Smith, "Destrucción de las bases materiales de la cultura indígena: cambios económicos en Totonicapán" |
A pesar que la descripción de Davis insiste en el concepto del indígena campesino, es importante notar que posee algunos matices históricos: lo que antes era una gran civilización hoy se reduce a un grupo de personas que simplemente subsisten. Como se ha mencionado, la herencia cultural maya incluye una institución cultural, con un acento económico (comercial), que ha sobrevivido a lo largo de los siglos: el día de mercado. La existencia de esta institución implica que los indígenas mayas de la Guatemala de hoy son más que simples campesinos dependientes de la agricultura de subsistencia. Sin embargo, parece que la percepción de Davis converge con la explicación de Smith al indicar que el pueblo indígena es un conglomerado de pobres que se engloba en el concepto de campesinos. Esto plantea preguntas interesantes sobre las causas de la pobreza que afecta a las comunidades indígenas. Podría ser que a los indígenas se les ha obligado a que su principal actividad económica sea la agricultura porque no se les ha permitido desarrollar libremente la dimensión comercial de su vida económica; porque, en definitiva, no se les ha dejado en libertad para reproducir todos los elementos de su cultura. En este sentido, la identificación del indígena con el pobre, sin importar la actividad económica a la que se dedique (o en la que se especializa), parece más adecuada que la de campesino.
Antecedentes históricos
Si el comercio es, en principio, una actividad beneficiosa para el desarrollo de los pueblos, ¿por qué el nivel de vida de los indígenas, siendo el comercio parte de su cultura, no ha logrado sobrepasar la frontera de la pobreza? Para entender la pobreza en Guatemala se debe ver hacia el pasado. La historia de las instituciones, de los sistemas económicos y políticos, explica muy bien por qué los indígenas, a pesar de su capacidad de trabajo y espíritu empresarial, no han logrado sobresalir. Entre otras cosas: se les ha restringido la libertad económica y política.
Según el economista Víctor Racancoj, existe evidencia histórica, arqueológica y etnográfica de las relaciones comerciales de los mayas precoloniales: "la complementariedad y la especialización del trabajo fueron causa para que en el área maya se lograra el desarrollo de un amplio sistema comercial, que rebasó el límite local y avanzó a una esfera de carácter internacional, logrando con esto una constante y fluida comunicación entre los distintos pueblos de Mesoamérica." En su opinión, "el Pueblo Maya, lejos de ser autárquico y autosuficiente, fue de una economía abierta, debido a que no producía todos los bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades de la población y, por tal razón, se desarrolló un amplio sistema comercial, creándose medios y mecanismos necesarios para realizar las transacciones."
Robert Carmack, como reafirmando lo anterior, subraya que el mundo Mesoamericano que entraría en contacto con los conquistadores europeos era un mundo económico, pues era una amplia zona de relaciones económicas que incluían comercio, intercambio de regalos, producción forzosa y control del mercado.Tras la conquista violenta, el sistema colonial se basó en las encomiendas, en la servidumbre de los indígenas. El papel de los indígenas en la economía no pasó de ser "abastecedores de granos y artesanías, de mano de obra para los productos secundarios y de impuestos." La encomienda fue la concesión de indígenas de un pueblo para un español (el encomendero), quien sacaba provecho por medio del tributo en forma de bienes agrícolas, telas, dinero y trabajo directo. A cambio del tributo y del trabajo de los indígenas, el encomendero estaba obligado a "instruirlos" en la fe católica.
Respecto a los mercados autóctonos, los tianguis, "fue la primera cosa que los españoles quisieron introducir en sus colonias, de manera que se asegurara el aprovisionamiento de la población [española]. E incluso, ellos trataron en una ocasión de impedir la operación de los mercados en algunos pueblos indios con el fin de proveer a la ciudad española." Tras está asimilación española de los mercados indígenas en tiempos de la colonia, David Kaplan afirma: "el mercado periódico urbano era un instrumento eficaz para controlar el movimiento de bienes de consumo vitales dentro de una región, obligando a canalizar esos bienes hacia el centro, donde había de concentrarse en un lugar y un momento prescrito." En este sentido se podría decir que la institución indígena fue capturada por los españoles para fortalecer y mantener el control político y económico. Era de tal magnitud ese control que no podían abrirse nuevas plazas sin autorización (licencia) del Virrey, y el gobierno colonial procuró suprimir el comercio fuera de los mercados legalmente establecidos. Toda esta represión de carácter mercantilista evitó el desarrollo de la propia economía indígena. Sin embargo, en opinión de Diskin y Cook, las plazas indígenas prehispánicas esencialmente permanecieron inalteradas por la injerencia española.
Con la independencia, la situación política y económica de los indígenas no cambió. En la nueva república, sólo era considerado ciudadano el hombre mayor de dieciocho años que "ejerciese profesión útil o tenga medios de subsistencia." De esta forma se garantizaron los criollos la exclusividad en el ejercicio de los derechos ciudadanos y los indígenas no alcanzaron la ciudadanía por razones de orden cultural y económico. Como explica el historiador Arturo Taracena, con las reformas constitucionales de 1839, de los conservadores, los indígenas pasaron a ser ciudadanos, pero de segunda categoría, pues se le consideraba como hombres que "carecen de ilustración suficiente para conocer y defender sus propios derechos." Por su parte, los liberales, después de 1871, proclamaron la "igualdad constitucional de todos los guatemaltecos en materia de obedecer la ley, servir a la patria y pagar los impuestos", pero sólo eran ciudadanos "los mayores de veintiún años que tengan renta, oficio, industria o profesión que les proporcione medios de subsistencia." Taracena afirma que, además, una serie de leyes secundarias contribuyeron a mantener a los indígenas fuera de la categoría de ciudadanos, "las cuales les afectaban en el dominio de la propiedad, las leyes laborales, la conscripción militar, la conducción municipal, la celebración de festividades religiosas" y en otras esferas de la vida pública.
Con la inserción de Guatemala en el mercado internacional a través de la economía del café, los gobiernos liberales facilitaron a los exportadores la mano de obra y las tierras de las comunidades indígenas. La historiadora Regina Wagner explica que "la producción y exportación del café recibió todo el apoyo del Estado, tanto en la obtención de tierras como de almácigos, créditos y mano de obra barata suministrada por medio de instrumentos coercitivos institucionalizados." La redistribución de tierras afectó, en algunas regiones, las tierras que pertenecían a las comunidades indígenas. Además, los indígenas fueron obligados "al trabajo en las fincas, a servir en el ejército o en la construcción de obras públicas." Era común "la servidumbre por deudas, que se heredaba de generación en generación, y una ley antivagancia," que no se aplicaba a los ladinos.
En esa misma línea, Sol Tax cita a Chester Lloyd Jones, quien concluye en su estudio sobre la historia del trabajo en Guatemala que desde los primeros días de la colonia hubo esclavitud virtual, en una forma u otra. Jones "describe cómo a la abolición de los mandamientos siguió un sistema de peonaje de deuda, que mantuvo a los indígenas del altiplano atados a las plantaciones de las tierras bajas, y arguye que la sustitución del peonaje de deuda por la ley contra la vagancia, ocurrida en 1935, tuvo el mismo efecto."
En resumen, a las personas que conforman la cultura maya no se les ha permitido ejercer plenamente sus derechos ciudadanos. Han carecido de libertad de empresa, no han sido dueños, ni siquiera, de su capacidad de trabajo. No han podido comerciar libremente porque las autoridades los obligaban a realizar otras labores en beneficio de los grupos aliados al gobierno de turno. Pero el problema de la limitada libertad es más profundo, los indígenas guatemaltecos no sólo han carecido de acceso a las oportunidades (servicios de educación primaria, por ejemplo), sino que se les ha restringido totalmente lo que Amartya Sen (premio Nobel de Economía 1998) llama libertad de bienestar, es decir "las libertades positivas que una persona tiene en sentido general (la libertad para hacer esto o ser aquello), [...] la extensión del conjunto de capacidades de realización."