Capítulo IV

MERCADOS INDIGENAS

HACIA EL FUTURO

Foto: Carlos Mendoza

Contenido

            La Globalización

                    a) Etnodesarrollo

                     b) Fortalecimiento de las instituciones

                     c) Apertura económica

                     d) Aumento de la productividad

 

La institución cultural de los mercados indígenas ha pasado con éxito las pruebas del pasado. ¿Cuál será su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones del futuro? ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la economía indígena, de cara a los retos que plantea el nuevo orden económico internacional? ¿Qué estrategias se podrían asumir para aprovechar las oportunidades y minimizar las amenazas de la globalización? Más que respuestas, a continuación, se pretende ampliar las preguntas.

La globalización

"La economía teje su tela por debajo de todas las fronteras y la información circula por todas partes. Las grandes sociedades son transnacionales y transcontinentales; incluso los productos se expanden por todos lados; los objetos complejos (vehículos, computadoras, aparatos eléctricos) integran elementos fabricados en múltiples países diferentes. Las finanzas están totalmente mundializadas, los capitales circulan de un lugar a otro de manera constante e instantánea, sin control. Se ha instaurado de este modo un mercado global y planetario de libre cambio de bienes, informaciones, capitales..."

La globalización se refiere: "al grado en el cual los mercados de las economías nacionales y los negocios internacionales están integrados e interrelacionados en una economía mundial." Básicamente ocurre en cuatro ámbitos de la economía: los mercados financieros, los mercados de bienes, las empresas y el mercado laboral. Pero su definición no se agota en la interdependencia económica sino que abarca también la interdependencia política. Por eso el Dr. Tilman Altenburg afirma que el progresivo dominio de los global players (empresas que operan a escala mundial) sobre diversas actividades económicas, sucede en un "marco de progresiva liberalización del comercio internacional y homogenización de las políticas económicas nacionales, que para América Latina conlleva oportunidades, pero también riesgos." Para Altenburg, "a los países de América Latina suele asignárseles escasas posibilidades en un mundo globalizado. Sin embargo, con medidas económicas adecuadas, éstos pueden aprovechar ventanas en los mercados de exportación."

Uno de los principales requisitos para lograr una inserción exitosa en el mundo globalizado es el desarrollo de una conciencia global. "El empresario de éxito del siglo XXI será consciente de manera global y tendrá un marco de referencia que va más allá de una región o hasta de un país y abarcará el mundo. Ser consciente de manera global significa ser objetivo, tener tolerancia hacia las diferencias culturales y estar bien informado."

Quienes han reflexionado sobre el fenómeno de la globalización, manifiestan preocupación por sus posibles efectos en las economías nacionales que no estén preparadas para la competencia (el cierre de empresas locales y su consiguiente impacto en el mercado laboral: desempleo; por ejemplo) y por su impacto en las culturas locales. La homogeneización de los patrones de conducta se percibe como un atentado contra la riqueza que supone la diversidad cultural del planeta.

Poco o nada se ha estudiado sobre los efectos de la globalización en la cultura maya. Los mercados indígenas, como punto de convergencia entre dos culturas (la maya y no maya, a través de un mismo lenguaje: el comercio), podrían dar luces sobre el proceso de cambio que ocurre al confundirse lo local con lo global.

Los indígenas guatemaltecos interactúan constantemente entre un mundo exterior lleno de avances tecnológicos (T.V., telecomunicaciones satelitales) y su mundo de limitaciones materiales en que viven (carencia de agua potable, desnutrición). Desde hace varias décadas, algunos bienes como los radios a transistores y, por supuesto, las baterías; han permitido un mayor contacto entre lo local (la aldea) y el mundo global (la ciudad de Guatemala y otros países). El acceso a mayor información seguramente ha tenido un gran impacto en los sistemas de cultura de las comunidades.

A pesar de que existe un intercambio tecnológico y cultural con el exterior, parece que no alcanza la velocidad necesaria para aumentar el ritmo de crecimiento económico. Se conocen casos exitosos como el de la cooperativa CDRO, en Totonicapán, donde un grupo de indígenas aprovechan los cambios tecnológicos para acceder a la información e insertarse en el mercado mundial ofreciendo sus productos y realizando negocios a través de internet. Pero parece difícil que esos modelos se multipliquen rápidamente dados los bajos niveles de educación y de acceso a la infraestructura de las telecomunicaciones.

Guatemala es un país multilingüe pero, generalmente, para el comercio interno se utiliza como lengua franca el español, que es también el idioma oficial. Debido a que la mayoría de los indígenas son bilingües (su lengua materna es un idioma de origen maya), el español resulta ser útil para comunicarse con otras personas cuyo primer idioma es distinto al suyo. Sin embargo, la tendencia en el comercio internacional parece requerir el manejo del idioma inglés como lengua franca a nivel mundial. En muchas comunidades indígenas, cuyo primer contacto con el mercado global es por medio del turismo, ya se ocupan en aprender el inglés para vender de mejor forma sus artesanías a los viajeros. Lo interesante es que la interacción multilingüe que sucede en el comercio nacional es un antecedente para la comprensión del fenómeno global, que también requiere ese tipo de habilidades culturales.

Otro vínculo importante entre la cultura indígena y el exterior es fruto de las migraciones de miles de jóvenes hacia los Estados Unidos de América, en busca de mayores oportunidades de trabajo que les permitan mejorar sus ingresos. Sin embargo, aún no se ha medido la magnitud del impacto cultural y económico de dicho fenómeno migratorio.

A continuación, se plantean cuatro aspectos que podrían considerarse como claves para afrontar con éxito la globalización. No se pretende dar soluciones, sino sugerir una temática que pueda ser útil para visualizar en el futuro la economía indígena dentro de un ámbito más amplio que Guatemala. Todos los temas merecen más profundidad. Sin embargo, basta para los objetivos de este trabajo dar unas pinceladas que provoquen la discusión sobre las viejas y nuevas ideas.

a) Etnodesarrollo

Si las comunidades indígenas pudieran practicar, innovar, contrastar y expandir libremente su economía, ésta llegaría a ser un motor de verdadero desarrollo y un puente de integración armónica con las demás culturas. Las instituciones culturales (de carácter económico), como el día de mercado indígena, poseen un alto potencial para el crecimiento económico sostenible a lo largo del tiempo. Facilitan la reproducción de su propia cultura y, a la vez, se constituyen en un lenguaje universal que permite la interculturalidad.

Las primeras preguntas que surgen ante tales planteamientos son las siguientes: ¿Qué se entiende por desarrollo? ¿Es únicamente el modelo que proclama la industrialización, el consumo y el tipo de vida euro-americano como bienes universales? ¿Qué tipo de crecimiento económico es deseable? Para responder intuitivamente a esos cuestionamientos parece útil aproximarse al concepto de etnodesarrollo.

Impulsar el desarrollo endógeno y microregional es una de las propuestas más recientes y novedosas de los intelectuales y líderes indígenas de Guatemala. Según Virgilio Alvarado, estudioso del tema, dos requisitos indispensables para cumplir con las características de un desarrollo que proviene de la misma cultura son: tomar como punto de partida las características propias de la cultura, para aprovechar sus potencialidades; y saber incorporar los avances de la ciencia y la tecnología alcanzados por la humanidad, sin destruir la identidad cultural de los pueblos. Como elemento del primer requisito, resalta la importancia que el idioma materno tiene como generador de una comunicación adecuada, que cultiva la confianza entre los sujetos y reafirma su identidad. Siguiendo la intuición básica respecto al idioma, podría afirmarse que las instituciones culturales de carácter económico tienden a ser más eficaces en el desarrollo pues, a diferencia del idioma o la religión, poseen elementos esenciales de entendimiento universal que facilitan la comunicación y el intercambio con otras culturas. El comercio, por ejemplo, rompe barreras establecidas por el idioma y la religión de los pueblos. Se constituye, también, en un poderoso incentivo para el respeto de las diferencias pues la armonía es requisito para el intercambio libre y voluntario.

Sobre los modelos de desarrollo planteados hasta ahora, Virgilio Alvarado apunta que "resultan engañosos porque afirman que los países desarrollados son modelos a imitar debido a que han alcanzado riqueza, [...] pero omiten sus serias dificultades como problemas raciales, suicidios, drogadicción, desintegración familiar, destrucción del medio ambiente, consumismo, individualismo..." Incluso, afirma que el término países subdesarrollados tiene una connotación peyorativa, que les niega su capacidad de propiciar su propio desarrollo. El error de los países desarrollados es precisamente el pretender que "su estilo de vida y modo de concebir el mundo sean los mismos para todos los seres humanos sin considerar las diferentes características de los países y las particularidades de los pueblos al interior de cada país."

Por el contrario, el concepto de etnodesarrollo toma en cuenta los valores culturales, el idioma, las costumbres y tradiciones, y todos los demás elementos propios de la cultura para establecer sus estrategias. Por ejemplo, respecto al carácter sagrado de la naturaleza, una estrategia de desarrollo no descuidará la conservación y la adecuada convivencia con el medio ambiente. El etnodesarrollo se concibe como un proceso alternativo para mejorar la calidad de vida de los pueblos fortaleciendo al mismo tiempo su identidad cultural. Es endógeno, en el sentido que requiere de la participación directa de los sujetos del desarrollo para usar sus capacidades y recursos. Sin embargo, esto no significa aislamiento sino un punto de partida para la apertura que le permitirá tomar todos los recursos y conocimientos del exterior que le sean útiles (tecnológicos, por ejemplo) y ofrecer una mayor riqueza para la diversidad cultural de la humanidad.

A pesar que el concepto de etnodesarrollo resulta atractivo, para quienes respetan y valoran las culturas, existen importantes debates teóricos que cuestionan el papel de la cultura en el desarrollo y lo reducen a un simple elemento que "pierde dramatismo mientras más exitoso sea el desarrollo alcanzado", según Dieter Senghaas, uno de los académicos que ha intentado superar la cuestión de la relación entre cultura y desarrollo. Senghaas estudió el desarrollo del sudeste asiático y concluyó afirmando que, lo mismo en Europa, en último término el desarrollo no depende de la influencia de la cultura sino de las condiciones de crecimiento socio-cultural e institucional existentes: "el factor decisivo para el desarrollo del este de Asia a partir de la Segunda Guerra Mundial no fue de tipo cultural, sino sociocultural. Sea cual sea la dimensión de la continuidad o discontinuidad cultural, lo que en realidad se destruyó, determinado por la guerra, fue la dominación tradicional." Por ello concluye que no es la cultura tradicional la que determina las posibilidades de desarrollo sino las estructuras políticas. La conducta de los gobiernos parece ser una de las variables decisivas para las "ventajas competitivas de las naciones", según W. Easterly. Sin embargo, parece que estas diferencias en los diversos planteamientos teóricos tienen su origen en la utilización de una definición muy limitada del concepto cultura. La cultura, como se ha mencionado con anterioridad, "puede considerarse en su sentido más amplio como el conjunto de los aspectos espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a una sociedad o un grupo social, que no sólo contiene arte sino también formas de vida, los derechos humanos básicos, los sistemas de valores, las tradiciones y creencias religiosas," que influyen en las instituciones políticas. Es decir que, en definitiva, la política es parte de la cultura y, por lo tanto, parece que tiene sentido hablar de etnodesarrollo.

b) Fortalecimiento de las instituciones

El debilitamiento de las instituciones culturales, por causas ajenas a su evolución natural, va en detrimento del desarrollo. Eso es lo que ha sucedido en Guatemala. A lo largo de la historia republicana, las instituciones (independientemente de que sean adecuadas o no) han sido debilitadas por los distintos grupos que han llegado a ejercer el poder político. Recientemente, el conflicto armado interno socavó los cimientos de los sistemas de justicia y seguridad civil, por ejemplo. El poder ilimitado del que disfrutaron las dictaduras militares durante las cuatro décadas pasadas permitió que, bajo el pretexto de la lucha contrainsurgente, se pasara por encima de la vida, la libertad y la propiedad de miles de guatemaltecos civiles, en su mayoría indígenas, que eran ajenos a las disputas ideológicas y militares. Este conflicto no sólo destruyó a los individuos y sus familias, también impactó negativamente su cultura, dañó su sistema de valores y debilitó sus instituciones. Por ejemplo, el reclutamiento forzoso que el ejército realizaba en las comunidades indígenas se constituyó en un proceso de aculturación para miles de jóvenes que luego regresaban a sus comunidades con una visión del mundo totalmente diferente. El día de mercado fue afectado por la intervención de las partes involucradas en el conflicto, quienes tenían conciencia de su importancia en la vida de las poblaciones, de su regularidad y poder de convocatoria a pesar de los problemas. El mercado se utilizó como lugar y momento propicio para el reclutamiento de los jóvenes o para los discursos de la guerrilla. En ocasiones, asistir al mercado significaba arriesgar la vida. En esas condiciones extremas, una institución cultural tan pacífica y productiva como los mercados indígenas se transformó en escenario de la intolerancia, del uso de la fuerza y del engaño. No se le permitió desarrollarse a lo largo de muchos años. Sin embargo, permaneció viva.

Para el desarrollo del mercado nacional, propiciar y fortalecer el día de mercado indígena podría ser una de las acciones de política económica más efectivas, una alternativa para el desarrollo. Ante las urgentes necesidades que afrontan las personas, sobre todo en el área rural del país, no basta con dejar que ocurran los mercados, se necesita propiciar su expansión o nacimiento a través de procurar mejores condiciones en la infraestructura vial del país y garantizar la seguridad de las personas y sus mercancías, como ejemplos concretos de acciones que podrían tomar en cuenta los gobernantes.

Para fortalecimiento de instituciones económicas como el crédito o la propiedad privada, que constituyen requisitos indispensables para el desarrollo de la economía nacional, es fundamental el papel que el Estado puede desempeñar, como garante de los derechos de todos, favoreciendo el clima idóneo para el ahorro y la inversión y adecuando los demás arreglos institucionales necesarios.

En el caso del crédito se requiere de un adecuado el marco jurídico que permita contar con sistemas financieros más eficientes que faciliten el acceso de los pequeños empresarios a los recursos de financiamiento. En el caso de la propiedad, generar certeza sobre el respeto al derecho a la propiedad implica, al menos, la existencia de un registro de la propiedad desconcentrado y efectivo, y la implementación de un catastro. Ambas son acciones concretas que están bajo la responsabilidad del Estado. Al fortalecer esta institución se logra mejorar, a su vez, el acceso al crédito pues las personas interesadas contarán con un colateral.

c) Apertura económica

Los gobiernos de Guatemala se han caracterizado por adoptar una política comercial de carácter proteccionista. Personas con suficiente poder económico e influencia política han logrado que la legislación guatemalteca les proteja de la competencia extranjera, por medio de leyes especialmente diseñadas para ellos. Años de mercantilismo económico han empobrecido a la mayor parte de los consumidores guatemaltecos a costa de las ganancias de ciertos grupos de presión. A pesar de que la tendencia mundial es hacia una mayor apertura comercial y que, ciertamente, los impuestos a las importaciones han disminuido en el país, aún continúa el uso de diversos tipos de barreras para restringir la entrada de determinados bienes, como el cemento, el azúcar y los productos avícolas.

La apertura comercial de Guatemala ha sido lenta, demasiado cautelosa con relación a las necesidades de desarrollo del país. Se ha limitado a los acuerdos bilaterales y regionales. Sin embargo, en las negociaciones comerciales predominan los productores y exportadores nacionales, quienes constituyen grupos con intereses que no necesariamente coinciden con las necesidades de los consumidores locales. La apertura, a pesar de la resistencia, es inevitable y pareciera requerir de cambios institucionales radicales para superar las debilidades locales en función de aprovechar las oportunidades globales.

Parece que los gobiernos responden a un sistema político con incentivos perversos, que ha otorgado innumerables privilegios a determinados grupos, levantando barreras al comercio con el exterior y al comercio interno. La persistencia de aranceles, cuotas de importación y sutiles barreras no arancelarias continúan imponiendo costos adicionales a los consumidores guatemaltecos pues se les restringe las posibilidades de acceder a productos del mercado internacional. La deficiente burocracia, la sobre-regulación y las complicaciones fiscales, entre otros aspectos, han elevado de tal manera los costos de transacción que, éstos, se constituyen en barreras de entrada a la economía formal, desplazando a miles de pequeños empresarios a la economía informal donde se convierten en un objetivo de la represión fiscal y sanitaria. Luego, a ellos se les acusa de constituir competencia desleal, pero se les niega formalmente el derecho a ganarse la vida por medio de trabajo honrado.

La eliminación de los aranceles y de toda barrera al comercio internacional es beneficiosa para millones de personas que podrán disponer de bienes y servicios de mejora calidad y de menor precio como consecuencia del incremento en la competencia. La eliminación de los obstáculos que generan la informalidad es deseable no sólo para que los pequeños empresarios clandestinos tengan acceso a los beneficios de la economía formal (como al crédito) sino también para que ellos mismos dejen de ser free raiders, contribuyendo al sostenimiento de la infraestructura, por ejemplo, y se sometan al legítimo control en beneficio de los consumidores, sobretodo en materia de salud y seguridad.

Dichos cambios inevitablemente conllevan la resistencia de quienes pierden sus privilegios pero los beneficios sociales siempre serán superiores. Indudablemente los mercados indígenas se verán afectados en forma positiva porque en ellos se experimentará directamente el aumento de mercancías disponibles para los consumidores y los ajustes en la producción (hacia el cultivo de verduras, por ejemplo) en reacción a la competencia mundial y los precios internacionales.

Con relación al sector informal de la economía, parece que los mercados indígenas son la institución formal de la economía informal. Pues millones de quetzales de las transacciones realizadas en un día de plaza no son afectados por el impuesto al valor agregado (IVA), ni los requisitos sanitarios establecidos por las autoridades de salud y alimentación no son verificados (por citar dos aspectos). Escasamente tiene presencia la autoridad municipal para cobrar por el derecho a usar la plaza. A pesar de que se concibe dicho cobro como una tasa por el servicio municipal de limpieza, seguridad e infraestructura mínima; en la mayoría de los casos es tan deficiente la prestación de esos servicios que la tasa se convierte, como dicen los mismos funcionarios municipales, en un arbitrio (impuesto municipal). Una transición hacia la formalidad, gracias a la disminución de sus costos, permitirá acceder a los beneficios del crédito y a los servicios públicos efectivos, entre otros.

d) Aumento de la productividad

Uno de los factores determinantes en el cambio experimentado por la economía del Altiplano Occidental de Guatemala ha sido el fácil acceso a la red vial principal del país. La carretera Interamericana (CA-1) atraviesa toda la región del Altiplano. Esto facilita el comercio intra y extra regional.

El caso documentado por Murakami sobre el desarrollo del cultivo de verduras plantea que, efectivamente, la inversión en tecnología y en infraestructura favoreció el incremento de la productividad. En parte, dicha inversión fue incentivada por el mercado internacional, pues los agricultores experimentaron que era rentable el cultivo de verduras. Se supone que también hubo alguna acumulación de conocimientos que permitió a los agricultores realizar un manejo adecuado de la nueva tecnología (como el de los abonos químicos, por ejemplo). El impacto de estos cambios aún no puede ser apreciado en toda su magnitud porque no sólo afecta la actividad comercial, el régimen de tenencia de la tierra y el mercado laboral (en el mediano plazo), sino que, en el largo plazo, es posible que se afecten elementos culturales muy importantes como la cosmovisión y el sistema político y religioso, debido en gran medida a un incremento en el ingreso per cápita de la población.

En las diversas teorías sobre el crecimiento económico parece existir consenso en que dos de las principales variables que explican el incremento en la productividad son la inversión en capital físico (tecnología) y la inversión en capital humano (educación y capacitación).

El acceso directo a las vías de comunicación (carreteras, puertos y aeropuertos), a las telecomunicaciones y a las fuentes de energía, no sólo aumenta la productividad sino que además expanden las posibilidades del comercio. Las carreteras y el transporte dan acceso a mercados lejanos, generan empleos y reducen el aislamiento. A nivel nacional, Guatemala tiene un gran rezago de inversión en infraestructura productiva y social, y los peores indicadores se observan en las áreas rurales del país.

En el caso de Tecpán, uno de los factores más determinantes en el tamaño e importancia de su sitio de mercado es, precisamente, el fácil acceso por medio de la carretera Interamericana. Decenas de rutas del transporte colectivo extraurbano transitan por dicha carretera y hacia el centro urbano de Tecpán, que está a un kilómetro de distancia de la cinta asfáltica (CA-1). El grado de competencia entre los transportistas permite que el precio del pasaje sea relativamente bajo. Por un traslado superior a los 80 kilómetros, desde la ciudad de Guatemala, se cobran Q.6.00 (menos de US$1.00). En contraste, lugares como Rabinal, Baja Verapaz, tienen una escasa actividad comercial (a pesar de su potencial) debido, entre otros factores, a la carencia de una carretera asfaltada, que hace poco atractivo a los transportistas prestar su servicio y eleva los costos. Para Rabinal sólo existe una ruta de camionetas extraurbanas, desde la ciudad de Guatemala que cobran Q.14.00 por persona (US$2.00) y, en el caso de los fletes, transportar un envío de naranjas, por ejemplo, hacia la capital podría costar hasta Q.700.00.

Las posibilidades de comercio en las comunidades indígenas se ven negativamente afectadas por estas carencias de infraestructura vial. Por ejemplo, los pobladores q'eqchíes de la aldea Santa Elena Sa' tolox, al noroccidente del municipio de Cobán, en el departamento de Alta Verapaz, no pueden mejorar sus ingresos a pesar de dedicarse al cultivo de cardamomo que se exporta hacia los países del Medio Oriente. La aldea se encuentra a siete horas de camino de terracería de la cabecera municipal más dos horas a pie por los senderos de la montaña. La principal fuente de ingresos para las 25 familias que habitan la aldea es la venta del cardamomo. Para venderlo deben cargar más de 150 libras a través de la montaña (en época de invierno). En 1993, los comerciantes intermediarios, que cuentan con los camiones apropiados para el difícil camino, les pagaban en Q.200 el quintal del producto previamente secado. Estos intermediarios, a su vez, les venden productos que la comunidad demandaba, por lo que prácticamente se realizaba un trueque, más que una transacción monetaria. Luego, dichos comerciantes llevan el producto a los beneficios ubicados en la ciudad de Cobán, donde vendían a Q.500 el quintal. Finalmente, el exportador vende el cardamomo en el mercado internacional (en ese año, a US$500 el quintal).

¿Cuánto podrían aumentar los ingresos de los indígenas si tuvieran acceso a la infraestructura básica? Las vías de acceso les permitirían vender su producto directamente en Cobán, y las telecomunicaciones les abrirían las puertas para participar directamente de los beneficios de comercio internacional.

Las telecomunicaciones son determinantes para poder hacer negocios a distancia. Como se mencionó con anterioridad, en Tecpán hay 58 líneas telefónicas instaladas (para más de 50 mil personas que habitan el municipio, es decir una línea por cada mil habitantes, aproximadamente). No es suficiente, pero permite que los comerciantes hagan sus negocios los jueves, aprovechando el día de mercado. En el caso de Rabinal, sólo existen 20 líneas instaladas (7 son teléfonos comunitarios) para una población levemente menor a la de Tecpán pero más dispersa. Para los pobladores de la aldea Santa Elena Sa' tolox no existe teléfono sino a varios kilómetros de distancia. Esto significa altos costos de oportunidad para poderse comunicar con el exterior. Si existiera infraestructura se podría liberar mucho tiempo para labores productivas.

Lo mismo sucede con los servicios de energía eléctrica y de agua potable. Los niños y las mujeres utilizan gran parte de su tiempo para ir a recoger leña (energía) y para acarrear agua hacia la vivienda. Si existiera la infraestructura mínima, se podría liberar el tiempo de esos niños para que dejaran el trabajo a favor de los estudios, que en el largo plazo les proveerán de mayores ingresos. A todo estos beneficios deben sumarse las externalidades positivas de contar con agua potable (evita epidemias de cólera, por ejemplo) y con energía eléctrica (evita presión sobre el medio ambiente).

Otro de los principales obstáculos que los indígenas guatemaltecos deben superar para entrar exitosamente en el mercado globalizado es el rezago en materia de educación y capacitación, lo que ha incidido directamente en su productividad y, por lo tanto, en su nivel de ingresos. Sin embargo, en la actualidad, la variable de capital humano adquiere mayor peso pues el manejo de la informática, las telecomunicaciones y los idiomas globales son determinantes para un buen desempeño dentro de la economía mundial. La educación, además, provee de información, y la información es poder, por lo que se podría observar un efecto positivo en el desarrollo de la vida política de las comunidades.

Actualmente, en Guatemala, un tercio de la Población Económicamente Activa no posee instrucción alguna y, según fuentes oficiales, el analfabetismo afecta al 35 por ciento de la población mayor de 15 años. La escolaridad promedio a nivel nacional de es de tan sólo 3 años, mientras que en América Latina es de 5 años. Todo esto sucede, a pesar que, por ejemplo, la capacitación elemental en pesos y medidas y aritmética básica han mostrado tener un gran impacto en los ingresos de los pequeños comerciantes.

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