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Por Carlos Mendoza 1 |
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Este documento fue presentado en el quinto Coloquio-Taller denominado Desarrollo y Cultura, organizado por el Centro Bartolomé de Las Casas y la Asociación para el Desarrollo, en la ciudad de Cobán. Publicado en Desarrollo y Cultura, Textos Ak'kutan No.15, 1999.
Introducción
El término globalización parece identificar una época futura, pero desconocida, que produce miedo. Todos utilizan dicha palabra otorgándole un significado ambiguo, algo esotérico, que se aprovecha para criticar todo lo que suene a cambio, especialmente en el ámbito económico. En el caso de Guatemala, dentro del marco de sus profundas contradicciones, muchas de la reinvindicaciones culturales de los pueblos indígenas parecen chocar de frente, como un río que desemboca en el mar, contra la nueva realidad de un mundo más interrelacionado. Hay una comprensible tensión entre el discurso político local que evoca el pasado (sobre todo el esencialismo maya) y las exigencias globales de nuevos arreglos políticos y económicos que parecen conducir hacia un mestizaje cultural que tiene como condición necesaria el respeto a la ciudadanía multicultural.
A continuación se pretende ilustrar algunos puntos de encuentro entre la globalización y la cultura maya, a partir de una importante institución económica: el día de mercado (kaibal)2. El objetivo principal es desmitificar el término globalización y mostrar que no representa, necesariamente, una amenaza para las culturas autóctonas. Por el contrario, las instituciones culturales locales pueden constituirse en un importante activo para el intercambio global que enriquece a todos.
La globalización
Desde un punto de vista económico, la globalización se refiere: "al grado en el cual los mercados de las economías nacionales y los negocios internacionales están integrados e interrelacionados en una economía mundial".3 Básicamente ocurre en cuatro ámbitos de la economía: los mercados financieros, los mercados de bienes, las empresas y el mercado laboral.4 Pero su definición no se agota en la interdependencia económica sino que abarca también la interdependencia política. Por eso, Tilman Altenburg afirma que el progresivo dominio de los global players (empresas que operan a escala mundial) sobre diversas actividades económicas, sucede en un "marco de progresiva liberalización del comercio internacional y homogenización de las políticas económicas nacionales, que para América Latina conlleva oportunidades, pero también riesgos."5
Quienes han reflexionado sobre el fenómeno de la globalización, manifiestan preocupación por sus posibles efectos en las economías nacionales que no estén preparadas para la competencia (el cierre de empresas locales y su consiguiente impacto en el mercado laboral: desempleo; por ejemplo). Para Altenburg, "a los países de América Latina suele asignárseles escasas posibilidades en un mundo globalizado. Sin embargo, con medidas económicas adecuadas, éstos pueden aprovechar ventanas en los mercados de exportación".6
Ese el es primer temor ante el proceso de la globalización: nuestras economías no están preparadas. Por supuesto, es la comprensible inseguridad después de siglos de mercantilismo económico y privilegios sectoriales. Sin embargo, el reto es la apertura comercial de la mano de una modernización de las reglas del juego económico al interior de cada país.
Respecto al impacto de la globalización en las culturas locales. La homogeneización de los patrones de conducta se percibe como un atentado contra la riqueza que supone la diversidad cultural del planeta. Sin embargo, la homogenización cultural no es una consecuencia inevitable de la globalización. Por el contrario, en un mundo globalizado es más probable que se incremente la cantidad y calidad de los intercambios culturales, generándose un rico mestizaje cultural, pues precisamente uno de los principales requisitos para lograr una inserción exitosa en el mundo globalizado es el desarrollo de una conciencia global: "el empresario de éxito del siglo XXI será consciente de manera global y tendrá un marco de referencia que va más allá de una región o hasta de un país y abarcará el mundo. Ser consciente de manera global significa ser objetivo, tener tolerancia hacia las diferencias culturales y estar bien informado."7 Ante esa necesaria conciencia global ya no es posible sostener un modelo etnocéntrico, ni desconocer el dinamismo propio de toda cultura en interacción con las demás. Este es el segundo reto, pues la globalización es más que un fenómeno de intercambio comercial a gran escala. Puede significar un cambio de época a partir del cual las culturas se entenderán a sí mismas, y entenderán a las otras, de forma diferente gracias a un intercambio cultural sin precedentes.
Los pueblos mayas
Para el caso de Guatemala, muy poco se ha estudiado sobre los efectos de la globalización en la cultura maya. Los mercados indígenas, como punto de convergencia entre dos culturas (maya y ladina, a través de un mismo lenguaje: el comercio), podrían dar luces sobre el proceso de cambio que ocurre al confundirse lo local con lo global.8 La institución cultural de los mercados indígenas (lugar y día de mercado) ha superado con éxito las duras pruebas del pasado (donde sí hubo una violenta imposición política, económica y cultural), pero: ¿Cuál será su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones del futuro? ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de la economía indígena, de cara a los retos que plantea el nuevo orden económico internacional? y ¿Qué estrategias se podrían asumir para aprovechar las oportunidades y minimizar las amenazas de la globalización?
En realidad, los indígenas guatemaltecos interactúan constantemente entre un mundo exterior lleno de avances tecnológicos (la televisión por cable que ha proliferado en los pueblos es un ejemplo) y su mundo inmediato de limitaciones materiales (carencia de agua potable, desnutrición y analfabetismo, entre otras). Desde hace varias décadas, algunos bienes como los radios a transistores han permitido un mayor contacto entre lo local (la aldea) y el mundo global (la ciudad de Guatemala y otros países). El acceso a mayor información seguramente ha tenido un gran impacto en los sistemas de cultura de las comunidades (desde mayores oportunidades de educación hasta una diversificación por los gustos musicales). Los niveles de consumo, la tecnología de punta y la infraestructura que se pueden observar en la ciudad de Guatemala contrastan con el mundo rural (donde habita más del 60 por ciento de la población), pero también generan expectativas y provocan cambios.
A pesar de que en las comunidades indígenas, sobre todo del Altiplano Occidental, existe un alto grado de actividad comercial y de intercambio tecnológico y cultural con el exterior, parece que no son suficientes para alcanzar el desarrollo, especialmente de las personas que viven en los lugares más remotos y exlcuidos. Dicho desarrollo es más que crecimiento económico, se entiende como el aumento de las capacidades y alternativas de un pueblo para ser y hacer lo que dicho pueblo considera valioso. En la línea de Amartya Sen, premio Nobel de Economía 1998, es desarrollo como libertad de bienestar, es decir "las libertades positivas que una persona tiene en sentido general (la libertad para hacer esto o ser aquello), [...] la extensión del conjunto de capacidades de realización."9
Se conocen algunos casos exitosos de empresarios indígenas, como el de la cooperativa CDRO en Totonicapán, que aprovechan los avances tecnológicos, realizando negocios a través de internet, para ofrecer sus productos en el mercado mundial. Pero parece difícil que esas experiencias se multipliquen rápidamente debido a los bajos niveles de educación, de acceso a las telecomunicaciones y de capacidad productiva para responder a las exigencias de un mercado altamente competitivo.
Guatemala es un país multilingüe pero, generalmente, para el comercio interno se utiliza como lengua franca el español, que es también el idioma oficial. Debido a que la mayoría de los indígenas son bilingües (su lengua materna es alguno de los veintiún idiomas de origen maya), el español resulta ser útil para comunicarse con otras personas cuyo primer idioma es distinto al suyo. Sin embargo, la tendencia en el comercio internacional parece requerir el manejo del idioma inglés como lengua franca a nivel mundial. En muchas comunidades indígenas, cuyo primer contacto con el mercado global es por medio del turismo, ya se ocupan en aprender el inglés para vender de mejor forma sus artesanías a los viajeros. En varios comités de padres de familia (COEDUCA's) del Programa Nacional de Autogestión para el Desarrollo Educativo (PRONADE) se ha planteado la necesidad de enseñar inglés a los niños porque se considera un conocimiento útil. Lo interesante es que la interacción multilingüe que sucede en el comercio nacional es un antecedente para la comprensión del fenómeno global, que también requiere ese tipo de habilidades para la interculturalidad.
A continuación, se plantean cinco aspectos que podrían considerarse como claves para afrontar con éxito la globalización. No se pretende dar soluciones, sino sugerir una temática que parece útil para visualizar el futuro de la economía indígena dentro de un ámbito global.
a) Etnodesarrollo
Si las comunidades indígenas pudieran practicar, innovar, contrastar y expandir libremente su economía, ésta llegaría a ser un motor de verdadero desarrollo y un puente de integración armónica con las demás culturas. Las instituciones culturales (de carácter económico), como el día de mercado, poseen un alto potencial para el desarrollo sostenible. Facilitan la reproducción de su propia cultura y, a la vez, se constituyen en un lenguaje universal que permite la interculturalidad. En este sentido, parece útil aproximarse al concepto de etnodesarrollo.
Impulsar el desarrollo endógeno y microregional es una de las propuestas más importantes de los intelectuales y líderes indígenas de Guatemala. Según Virgilio Alvarado, dos requisitos indispensables para cumplir con las características de un desarrollo que proviene de la misma cultura son: 1) tomar como punto de partida las características propias de la cultura, para aprovechar sus potencialidades; y 2) saber incorporar los avances de la ciencia y la tecnología alcanzados por la humanidad, sin destruir la identidad cultural de los pueblos.10 Como elemento del primer requisito, resalta la importancia que el idioma materno tiene como generador de una comunicación adecuada, que cultiva la confianza entre los sujetos y reafirma su identidad.11 Sin embargo, podría afirmarse que las instituciones culturales de carácter económico tienden a ser más eficaces en el desarrollo pues, a diferencia del idioma o la religión, poseen elementos esenciales de entendimiento universal que facilitan la comunicación y el intercambio con otras culturas. El comercio, por ejemplo, rompe barreras establecidas por el idioma y la religión de los pueblos. Se constituye, también, en un poderoso incentivo para el respeto de las diferencias pues la armonía es requisito para el intercambio libre y voluntario.
Sobre los modelos de desarrollo planteados hasta ahora, Virgilio Alvarado apunta que "resultan engañosos porque afirman que los países desarrollados son modelos a imitar debido a que han alcanzado riqueza, [...] pero omiten sus serias dificultades como problemas raciales, suicidios, drogadicción, desintegración familiar, destrucción del medio ambiente, consumismo, individualismo..."12 Incluso, afirma que el término países subdesarrollados tiene una connotación peyorativa, que les niega su capacidad de propiciar su propio desarrollo. El error de los países desarrollados es precisamente el pretender que "su estilo de vida y modo de concebir el mundo sean los mismos para todos los seres humanos sin considerar las diferentes características de los países y las particularidades de los pueblos al interior de cada país."13 Por el contrario, el concepto de etnodesarrollo toma en cuenta los valores culturales, el idioma, las costumbres y tradiciones, y todos los demás elementos propios de la cultura para establecer sus estrategias. Por ejemplo, respecto al carácter sagrado de la naturaleza, una estrategia de desarrollo no descuidará la conservación y la adecuada convivencia con el medio ambiente.
El etnodesarrollo se concibe como un proceso alternativo para mejorar la calidad de vida de los pueblos fortaleciendo al mismo tiempo su identidad cultural. Es endógeno, en el sentido que requiere de la participación directa de los sujetos del desarrollo para usar sus capacidades y recursos. Sin embargo, esto no significa aislamiento sino un punto de partida para la apertura que le permitirá tomar todos los recursos y conocimientos del exterior que le sean útiles (tecnológicos, por ejemplo) y ofrecer una mayor riqueza para la diversidad cultural de la humanidad.
A pesar que el concepto de etnodesarrollo resulta atractivo, para quienes respetan y valoran las culturas, existen importantes debates teóricos que cuestionan el papel de la cultura en el desarrollo y lo reducen a un simple elemento que "pierde dramatismo mientras más exitoso sea el desarrollo alcanzado", según Dieter Senghaas, uno de los que ha investigado la relación entre cultura y desarrollo.14 Senghaas estudió el desarrollo del sudeste asiático y concluyó afirmando que, lo mismo en Europa, en último término el desarrollo no depende de la influencia de la cultura sino de las condiciones de crecimiento socio-cultural e institucional existentes: "el factor decisivo para el desarrollo del este de Asia a partir de la Segunda Guerra Mundial no fue de tipo cultural, sino sociocultural. Sea cual sea la dimensión de la continuidad o discontinuidad cultural, lo que en realidad se destruyó, determinado por la guerra, fue la dominación tradicional."15 Concluye que no es la cultura tradicional la que determina las posibilidades de desarrollo sino las estructuras políticas. Sin embargo, estas aparentes diferencias en los diversos planteamientos teóricos tienen su origen en la utilización de una definición muy limitada del concepto cultura. La cultura, como se ha mencionado con anterioridad, "puede considerarse en su sentido más amplio como el conjunto de los aspectos espirituales, materiales, intelectuales y emocionales que caracterizan a una sociedad o un grupo social, que no sólo contiene arte sino también formas de vida, los derechos humanos básicos, los sistemas de valores, las tradiciones y creencias religiosas"16 que influyen en las instituciones políticas. Es decir que, en definitiva, la política es parte de la cultura y, por lo tanto, parece que sí tiene sentido hablar de etnodesarrollo. En todo caso, el arreglo político que permitiría la exitosa implementación del modelo de etnodesarrollo parece ser el de la ciudadanía multicultural.
b) Ciudadanía Multicultural
"La ciudadanía no consiste simplemente en un estatus legal, sino también en una identidad, en una expresión de la propia pertenencia a una comunidad política".17 En este sentido, parece que los pueblos indígenas que habitan Guatemala no se sienten identificados con el sistema político de la República y, por lo tanto, no participan en él. Esto se puede explicar, en parte, con el hecho de que a partir de la independencia, la situación política y económica de los indígenas no cambió respecto al período colonial.
En la nueva República sólo era considerado ciudadano el hombre mayor de dieciocho años que "ejerciese profesión útil o tenga medios de subsistencia."18 De esta forma se garantizaron los criollos la exclusividad en el ejercicio de los derechos ciudadanos y los indígenas no alcanzaron la ciudadanía por razones de orden cultural y económico. Como explica Arturo Taracena, con las reformas constitucionales de los conservadores, en 1839, los indígenas pasaron a ser ciudadanos, pero de "segunda categoría", pues se les consideraba como hombres que "carecen de ilustración suficiente para conocer y defender sus propios derechos".19 Por su parte, los liberales, después de 1871, proclamaron la "igualdad constitucional de todos los guatemaltecos en materia de obedecer la ley, servir a la patria y pagar los impuestos", pero sólo eran ciudadanos "los mayores de veintiún años que tengan renta, oficio, industria o profesión que les proporcione medios de subsistencia".20 Taracena afirma que, además, una serie de leyes secundarias contribuyeron a mantener a los indígenas fuera de la categoría de ciudadanos, "las cuales les afectaban en el dominio de la propiedad, las leyes laborales, la conscripción militar, la conducción municipal, la celebración de festividades religiosas" y en otras esferas de la vida pública.
Con la inserción de Guatemala en el mercado internacional a través de la economía del café, los gobiernos liberales facilitaron a los exportadores la mano de obra y las tierras de las comunidades indígenas. Regina Wagner explica que "la producción y exportación del café recibió todo el apoyo del Estado, tanto en la obtención de tierras como de almácigos, créditos y mano de obra barata suministrada por medio de instrumentos coercitivos institucionalizados".21 La redistribución de tierras afectó, en algunas regiones, las propiedades de las comunidades indígenas. Además, los indígenas fueron obligados "al trabajo en las fincas, a servir en el ejército o en la construcción de obras públicas." Era común "la servidumbre por deudas, que se heredaba de generación en generación, y una ley antivagancia," que no se aplicaba a los ladinos.
Revertir esa realidad histórica exige el reconocimiento de la identidad de los distintos pueblos y su incorporación a la comunidad política, acomodando las diferencias étnicas y nacionales para lograr, también, una democracia más tolerante e inclusiva. Alcanzar una democracia multinacional y poliétnica, como la denomina Will Kymlicka, requiere aplicar medidas legales o constitucionales. "Al menos existen tres formas de derechos específicos en función de la pertenencia grupal: 1) derechos de autogobierno; 2) derechos poliétnicos; y 3) derechos especiales de representación".22 Quizás lo más relevante para la realidad guatemalteca sean los derechos de autogobierno, que se conceden a los pueblos que componen un Estado Multinacional y que implican "reivindicar algún tipo de autonomía política o jurisdicción territorial, para asegurarse así el pleno y libre desarrollo de sus culturas y los mejores intereses de sus gentes".23 Este derecho a la autodeterminación de los grupos nacionales, o pueblos, está reconocido en el Derecho Internacional.
c) Fortalecimiento de las instituciones
El debilitamiento de las instituciones culturales, por causas ajenas a su evolución natural, va en detrimento del desarrollo. Eso es lo que ha sucedido en Guatemala. A lo largo de la historia republicana, las instituciones (con todos sus defectos heredados del período colonial) han sido debilitadas por los distintos grupos que han llegado a ejercer el poder político. Recientemente, el conflicto armado interno socavó los cimientos de los sistemas de justicia y seguridad civil, por ejemplo. El poder ilimitado del que disfrutaron las dictaduras militares durante las cuatro décadas pasadas permitió que, bajo el pretexto de la lucha contrainsurgente, se pasara por encima de la vida, la libertad y la propiedad de miles de guatemaltecos, en su mayoría indígenas, que eran ajenos a las disputas ideológicas y militares. Este conflicto no sólo destruyó a los individuos y sus familias, también impactó negativamente su cultura, dañó su sistema de valores y debilitó sus instituciones formales. Por ejemplo, el día de mercado fue afectado por los protagonistas del conflicto, quienes tenían conciencia de su importancia en la vida de las poblaciones, de su regularidad y poder de convocatoria a pesar de los problemas. El mercado se utilizó como lugar y momento propicio para el reclutamiento forzoso de los jóvenes por parte del ejército o para los discursos de la guerrilla. En esas condiciones extremas, una institución cultural tan pacífica y productiva como los mercados indígenas se transformó en escenario de la intolerancia, del uso de la fuerza y del engaño.
Propiciar y fortalecer el día de mercado indígena, entendido como una institución cultural, podría ser una alternativa para el desarrollo. Ante las urgentes necesidades que afrontan las personas, sobre todo en el área rural del país, no basta con dejar que ocurran los mercados, se necesita favorecer su expansión o nacimiento a través de adecuadas condiciones de estabilidad económica, de seguridad para las personas y sus mercancías y de mayor acceso a la infraestructura productiva. También el fortalecimiento de instituciones económicas como el crédito o la propiedad privada, es indispensable para el desarrollo de la economía nacional. Para lograrlo es fundamental el papel que el Estado puede desempeñar, como garante de los derechos de todos, favoreciendo el clima idóneo para el ahorro y la inversión, y adecuando los demás arreglos institucionales necesarios (como leyes modernas y eficientes).
d) Apertura económica
Los gobiernos de Guatemala se han caracterizado por adoptar una política comercial de carácter proteccionista. Personas con suficiente poder económico e influencia política han logrado que la legislación guatemalteca les proteja de la competencia extranjera, por medio de leyes especialmente diseñadas para ellos. Años de mercantilismo económico han empobrecido a la mayor parte de los consumidores guatemaltecos a costa de las ganancias de ciertos grupos de presión. A pesar de que la tendencia mundial es hacia una mayor apertura comercial y que, ciertamente, los impuestos a las importaciones han disminuido en el país, aún continúa el uso de diversos tipos de barreras para restringir la entrada de determinados bienes.
La apertura comercial de Guatemala ha sido lenta, demasiado cautelosa con relación a las necesidades de desarrollo del país. Se ha limitado a los acuerdos bilaterales y regionales. Sin embargo, en las negociaciones comerciales predominan los intereses de los productores y exportadores nacionales, quienes constituyen grupos con objetivos que no necesariamente coinciden con las necesidades de los consumidores locales. La apertura, a pesar de la resistencia, es inevitable y pareciera requerir de cambios institucionales radicales para superar las debilidades locales en función de aprovechar las oportunidades globales.
En Guatemala los gobiernos responden a un sistema político con incentivos perversos, que ha otorgado innumerables privilegios a determinados grupos, levantando barreras al comercio con el exterior y al comercio interno. La persistencia de aranceles, cuotas de importación y sutiles barreras no arancelarias continúan imponiendo costos adicionales a los consumidores guatemaltecos pues se les restringe las posibilidades de acceder a productos del mercado internacional. La deficiente burocracia, la sobre-regulación y las complicaciones fiscales, entre otros aspectos, han elevado de tal manera los costos de transacción que, éstos, se constituyen en barreras de entrada a la economía formal, desplazando a miles de pequeños empresarios a la economía informal donde se convierten en un objetivo de la represión fiscal y sanitaria. A los informales se les acusa de constituir competencia desleal, pero se les niega formalmente el derecho a ganarse la vida por medio de trabajo honrado.
La eliminación de los aranceles y de toda barrera al comercio internacional es beneficiosa para millones de personas que podrán disponer de bienes y servicios de mejora calidad y de menor precio como consecuencia del incremento en la competencia. La eliminación de los obstáculos que generan la informalidad es deseable no sólo para que los pequeños empresarios tengan acceso a los beneficios de la economía formal sino también para que ellos mismos dejen de ser free raiders, contribuyendo al sostenimiento de la infraestructura, por ejemplo, y se sometan al legítimo control en beneficio de los consumidores, sobretodo en materia de salud y seguridad.
Dichos cambios inevitablemente conllevan la resistencia de quienes pierden sus privilegios pero los beneficios sociales serán superiores. Los mercados indígenas se verán afectados en forma positiva porque en ellos se experimentará directamente el aumento de mercancías disponibles para los consumidores y la mejor asignación de los recursos (hacia el cultivo de verduras exportables, por ejemplo) como reacción a la competencia mundial y a los precios internacionales.
Con relación al sector informal de la economía, parece que los mercados indígenas son la institución formal de la economía informal. Pues millones de quetzales de las transacciones realizadas en un día de plaza no son afectados por el impuesto al valor agregado (IVA), ni los requisitos sanitarios establecidos por las autoridades de salud y alimentación son verificados. Escasamente tiene presencia la autoridad municipal para cobrar la tasa por el servicio de limpieza, seguridad e infraestructura mínima (servicio que en la mayoría de los casos es tan deficiente que la tasa se convierte en un impuesto). Una transición hacia la formalidad, gracias a la disminución de sus costos, permitirá acceder a los beneficios del crédito y a los servicios públicos efectivos, entre otros.
e) Aumento de la productividad
Uno de los factores determinantes en el cambio experimentado por la economía del Altiplano Occidental de Guatemala ha sido el fácil acceso a la red vial principal del país. La carretera Interamericana atraviesa toda la región, lo que facilita el comercio intra y extra regional. El desarrollo del cultivo de verduras para la exportación, documentado por Murakami, ocurrió, en gran medida, gracias a la inversión en tecnología y en infraestructura lo que favoreció el incremento de la productividad.24 Dicha inversión fue incentivada, en parte, por el precio de los productos en el mercado internacional, pues los agricultores experimentaron que era rentable el cultivo de cierto tipo de verduras. Además de la inversión en capital físico, también hubo acumulación de conocimientos (inversión en capital humano) que permitió a los agricultores realizar un manejo adecuado de la nueva tecnología (como el de los abonos químicos). El impacto de estos cambios aún no puede ser apreciado en toda su magnitud porque no sólo afectan la actividad comercial, el régimen de tenencia de la tierra y el mercado laboral; sino que es posible que afecten elementos culturales muy importantes como la cosmovisión, el sistema político y religioso, debido a un incremento en el ingreso per cápita de la población y su consiguiente aumento en el consumo de bienes y servicios "occidentales", por ejemplo.
En las diversas teorías sobre el crecimiento económico parece existir consenso en que dos de las principales variables que explican el incremento en la productividad son la inversión en capital físico (tecnología) y la inversión en capital humano (educación y capacitación). El acceso directo a las vías de comunicación, a las telecomunicaciones y a las fuentes de energía, no sólo aumenta la productividad sino que además expanden las posibilidades del comercio. Las carreteras y el transporte dan acceso a mercados lejanos, generan empleos y reducen el aislamiento. Permiten participar directamente de los beneficios de comercio internacional.
La existencia de infraestructura libera tiempo para labores más productivas. Por ejemplo, con los servicios de energía eléctrica y de agua potable, los niños y las mujeres que utilizan gran parte de su tiempo para ir a recoger leña (energía) y para acarrear agua hacia sus viviendas, podrían dejaran ese trabajo en favor de los estudios, que en el largo plazo les proveerán de mayores ingresos. A estos beneficios deben sumarse las externalidades positivas de contar con agua potable (evita epidemias de cólera) y con energía eléctrica (evita presión sobre el medio ambiente).
Otro de los principales obstáculos que los indígenas guatemaltecos deben superar para entrar exitosamente en el mercado global es el rezago en materia de educación y capacitación, lo que ha incidido directamente en su productividad y, por lo tanto, en su nivel de ingresos. En la actualidad, la variable de capital humano adquiere mayor peso pues el manejo de la informática, las telecomunicaciones y los idiomas globales son determinantes para un buen desempeño dentro de la economía mundial. La educación también significa información, y la información es poder, por lo que con mayores niveles de educación también se podría observar un efecto positivo en el desarrollo de la vida política de las comunidades.
Conclusiones
La globalización es un fenómeno complejo que conlleva cambios. La común resistencia al cambio se incrementa en sociedades conservadoras como la guatemalteca, por lo cual se rechaza el proceso de la globalización. Además, las reivindicaciones esencialistas de algunos grupos indígenas parecen ignorar que se camina hacia un mestizaje cultural global.
El día de mercado es una institución cultural del pueblo maya que da testimonio su capacidad para interactuar exitosamente en el ámbito económico y en el de los valores culturales. Su propia cultura puede ser el motor de desarrollo del pueblo maya y su principal aporte a un mundo globalizado.
Conceptos como etnodesarrollo y ciudadanía multicultural pueden ser claves para que, desde las perspectivas económica, política y cultural, el desarrollo sea posible y sostenible. Contrario a lo que comúnmente se piensa, la globalización ha permitido descubrir que el capital cultural es el principal determinante del crecimiento económico y ha generado una genuina preocupación por el respeto político a las diferencias étnicas y nacionales.
Para que Guatemala pueda insertarse exitosamente en la economía gobal es necesario modernizar su economía, fortalecer sus instituciones y aumentar la productivad. Mejores niveles de educación, mayor acceso al crédito y más infraestrutura para el comercio son requisitos para que los pueblos mayas puedan ampliar sus capacidades y oportunidades, desarrollando su talento empresarial, su valores culturales y su bienestar.
1 Carlos Mendoza es economista guatemalteco e investigador asociado del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN).
2 Kaibal: voz quiché que significa mercado.
3 Ruffin & Gregory, Principles of Economics, p. 11.
4 Jörg Meyer-Stamer, "Globalización y competencia", Revista Desarrollo y Cooperación, No.5, 1997, pp. 8-12.
5 Tilman Altenburg, "La globalización y los países pequeños", Revista Desarrollo y Cooperación, No.5, 1997, pp. 13-16.
7 Philip Cateora, Marketing Internacional, (Madrid: IRWIN, 1995), pp. 28-29.
8 Carlos Mendoza, Aproximación al funcionamiento de los mercados indígenas de Guatemala, (Guatemala: Universidad Francisco Marroquín, 1999), pp. 105-128.
9 "Si una persona pudiera conseguir todos los vectores de realización relevantes que otra persona pudo conseguir, entonces en algún sentido importante la primera persona tuvo al menos tanta libertad para vivir bien como la segunda. A la idea general de la libertad para conseguir bienestar podemos llamarla libertad de bienestar." Amartya Sen, Bienestar, Justicia y Mercado, (Barcelona: Paidós, 1997), pp. 81-82.
10 Virgilio Alvarado, Desarrollo, Etnodesarrollo y Comunicación, (Totonicapán: mimeo, 1995).
11 "el idioma materno es el vestido del pensamiento y a la vez es el pensamiento mismo; no desvaloriza la utilización de otros idiomas [...]." ibid., p. 1.
14 Mir Ferdowsi, "Incidencia de la cultura en el desarrollo", Revista desarrollo y cooperación, p. 12.
17 Will Kymlicka, Ciudadanía Multicultural, (Barcelona: Paidós, 1996), p. 262.
18 La definición corresponde a la Constitución de 1824. Taracena, Guatemala y sus retos desde la óptica de un historiador político, (Guatemala: mimeo, 1998).
20 La definición corresponde a la Constitución Política de 1879. ibid.
21 Regina Wagner, La conformación del Estado guatemalteco, (Guatemala: mimeo, 1998).
22 Will Kymlicka, Ciudadanía Multicultural, (Barcelona: Paidós, 1996), p. 47.
24 Murakami, Los mercados y pueblos mayas en el altiplano de Guatemala, (Tokyo: Museo de Tabaco y Sal, 1997).